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#ENTRELÍNEAS // La «Nueva Normalidad» y el 2021; los cambios radicales que habrá en el proceso electoral

Por Héctor Tapia

Cierto. Nada puede estar por encima del interés de preservar la vida en medio de esta crisis sanitaria que ha traído consigo el COVID 19. Y, también es cierto, ya nada será igual en la dinámica social.

Sin embargo, hay aspectos que transitan de manera paralela, que, aunque no se vean, también deberán irse atendiendo, si es que se quiere no descuidar otros rubros igual de importantes para la sociedad, que es la vida democrática.

Los impactos por el coronavirus no se quedan sólo en el ámbito de la salud pública, sino también llega de manera preocupante al tema económico; sin embargo, no son los únicos renglones que debemos advertir se afectan o afectarán por la contingencia, y no sólo en lo inmediato, sino en el mediano y largo plazo, y tiene que ver con los procesos electorales, donde quizá no se ha puesto tanto la mirada, por no ser “urgente”.

Lo cierto es que ante lo incierto del comportamiento y los alcances del virus tendrán que modificarse las formas de hacer campaña y procesos electorales en si. Esto, a partir de que el COVID 19 llegó para quedarse, y en tanto no exista una vacuna, y que sea generalizada, la vida social, colectiva, comunitaria, e incluso en lo individual, se habrá de transformar profundamente en su dinámica, y ante esto no se ve por el momento que se estén tomando las previsiones.

Es entendible, en parte, que no se tome en cuenta este aspecto, porque ni siquiera hay certezas todavía sobre cómo se habrá de operar bajo lo que ya se conoce como la “nueva normalidad”, ya que no se podrá regresar a lo que se era antes de la pandemia.

La “Nueva Normalidad” viene de entrada acompañada por una serie de mecanismos de prevención para evitar futuros y posibles rebrotes de coronavirus; ya sé, aún no salimos de la primera oleada, sin embargo, lo que se busca es prevenir que no haya un segundo rebrote de gran magnitud que vuelva a poner a la sociedad en mayores -de las de por sí existentes- complicaciones, tanto sanitarias como de confinamiento.

Sí, hay un antes y un después, y los actores de la vida pública y política tienen que entenderlo para poder actuar con responsabilidad frente a lo que está por venir y que no se detendrá. En el caso de Michoacán, la renovación de la gubernatura, los ayuntamientos, el Congreso local y sus representantes ante la Cámara de Diputados.

La nueva realidad, y no se ha advertido del todo, habrá de cambiar radicalmente como habremos de vivir el siguiente proceso electoral, que formalmente inicia en septiembre, pero que al cierre de este año significará también ya un movimiento mayor de parte tanto de los actores que buscan o pretenden ser candidatos, y también de las distintas fuerzas políticas.

Una de las actividades tradicionales, por decirles de alguna manera, son los mítines, concentraciones masivas, a la vieja usanza, y de entrada esta actividad tendrá que tener serias modificaciones, por responsabilidad, para no poner en riesgo a la sociedad, a la población.

Este ajuste que tendrán que tener en las estrategias tanto los partidos como para los aspirantes y los próximos candidatos, llevará a que el proceso electoral próximo sus batallas se libren prácticamente en su totalidad en redes sociales, internet,  y medios de comunicación, por ganar en la batalla de percepción y no en el demostrar “músculo” a través de concentraciones masivas, que sería irresponsable, como ya se dijo.

Otros impactos político electorales que tiene el coronavirus en la vida pública del estado y del país, es a los partidos políticos, algunos de los cuales tuvieron que suspender sus respectivas renovaciones de sus dirigencias; hablamos de Morena y de el PRD, quienes por la contingencia tuvieron que dejar para después estas actividades, que por sus dinámicas, estaban proyectadas a realizarse mediante asambleas y congresos, que implican por sí mismas concentraciones masivas, y que implican a su vez riesgos a la salud de sus respectivos militantes.

Por tanto, tendrán que ir pensando alternativas, rutas estratégicas, para seguir y cumplir con los respectivos ordenamientos para renovar sus organismos de dirección política.

En cuanto a las instituciones electorales, seguramente también habrá de tener sus impactos, aunque para dar salida a los compromisos que se avecinan seguramente podrán subsanarlas principalmente por medio de organización y logística, para no poner en riesgo tanto al personal de los organismos electorales como de la población. 

El impacto mayor, sin duda, de entrada, lo tendrán los partidos y eventuales candidatos, la pandemia de manera obligada tendrá que llevarlos a transformarse, a cambiar sus prácticas de hacer campaña. La pregunta es, ¿ya previeron los impactos que tendrá “la nueva normalidad” en lo que está por venir?

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