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En Morelia, mujeres protagonizan protestas; exigen justicia, seguridad y alto a la violencia feminicida

América Juárez Navarro
Morelia, Mich., Ahí estaba, la chica con el puño en alto y los ojos a punto del llanto al escuchar cada uno de los nombres de las mujeres que han sido asesinadas en nuestro país. Ahí frente a una Catedral con las puertas cerradas, un Palacio de Gobierno también cerrado, mudos ante lo que escribiría la historia y presenciaba, junto con otras cientos de mujeres en uno de los momentos más emotivos de toda la protesta, el silencio y el puño en alto de todas las que llenaron la avenida Madero del centro Histórico de Morelia, tiñendo el lugar de los colores verde y morado.
Así, genuina, sin partidos, sin gobierno, sin políticos que asumieran que esta era su lucha, estaban las cientos de mujeres y niñas, que no dejaban de gritar ante un público impávido por momentos, en otros sumándose y aplaudiendo, “la culpa no era mía, ni donde estaba, ni como vestía”, “no es no”, “entiende profesor”.
El contingente que partió de la plaza conocida como “el Caballito”, recorrió la avenida Madero, a la altura del periódico del Sol de Morelia una madre miraba a su hija que no rebasaba los 15 años de edad con su esposo e hijo, tenía cara de angustia, mientras el esposo la calmaba. La hija con su cartelón y pañoleta morada, con la mirada trataba de trasmitirle tranquilidad a su mamá, una de las integrantes del contingente volteó a ver a la madre y le señaló “su hija está segura”, al exponer que debía estar orgullosa de que se sumará a la lucha, mientras asentía con la cabeza y su esposo también expresaba con su rostro el orgullo de ver que su pequeña que estaba del lado de las mujeres.
Desde que partió el conglomerado no pararon un solo momento las consignas, “señor, señora no sea indiferente se matan las mujeres delante de la gente”, “vivas se las llevaron, vivas las queremos”, «ni una más, ni una más, ni una asesinada más”. Las caras por momentos de parejas ya grandes de edad eran de asombro, otras de desaprobación, ante la protesta que subía de tono, pero que dejaba en claro que este era momento de ellas, el momento de las mujeres.
En el templo de las Monjas en un acto de provocación se formó una cadena humana conformada con jóvenes y señoras de pañoletas celeste alzaban su mano, mientras rezaban, sin embargo, sus voces y rezos fueron apagados ante el grito de “aborto legal”, mientras se encendían las bengalas que soltaban humo color verde, el color de la defensa de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.
Este mismo episodio de católicos defendiendo su espacio se repitió en Catedral, minutos antes grupos más radicales dentro de la misma protesta retiraron las protecciones que se colocaron al recién restaurado edificio que alberga oficinas de la Secretaría de Educación Pública (SEP), ahí grafitearon y rompieron un cristal, la misma suerte corrió Palacio de Gobierno, y las puertas del Congreso del Estado, en donde colocaron pintas que hacían alusión al diputado de Morena, Fermín Bernabé Bahena, mientras que en las oficinas de Correos, quemaron una piñata de un avión, esto en referencia al avión presidencial y la minimización del presidente de la República, del aumento de los homicidios contra las mujeres.
El contingente estaba conformado por mujeres de todas las edades, pero llamaba la atención el aumento de las que ya rebasaban los 50 años, pese a la brecha generacional, gritaban con el mismo ahínco, y acompañaban a sus nietas e hijas.
María Elena de tan solo 16 años de edad, acudió al igual que las cientos de mujeres hartas de la violencia, “ninguna mujer se merece pasar lo que han sufrido y por lo que han pasado todas, mi escuela varios hombres nos agreden y de niña un maestro me tocó, realmente el tema nunca lo he tocado, porque nadie podría hacer nada por mí, y este preciso momento no sería válido justificable y no sería creíble”.
Para Andrea de 22 años, la movió el asesinato de su mejor amiga por uno de sus ex novios, aunque fue detenido no lo culparon de feminicidio porque nadie quiso testificar, “no se le dio una condena por feminicidio” subrayó.
“Es una brutalidad que agredan a cualquier mujer, salí de mi casa tengo 59 años, respeto a las mujeres, sus decisiones y basta ya que nos maten”, refería una mujer que prefería mantenerse en el anonimato, de igual manera se expresó otra de las mujeres de 57 años, que admitió haber sufrido violencia, pero se sentía orgullosa de que las jóvenes iniciaran esta lucha y estar sumadas a ella, “decido sumarme porque estoy convencida de que esta sociedad necesita un cambio, somos centro de familia, y el cambio está en nosotras”, aseveró.
Monserrat que iba acompañada de su hija de tan solo 15 años, no pudo contener el llanto, “vengo con mucha rabia e impotencia de que mi hija salga a la calle, estamos para pedir a gritos que el Gobierno nos cuide”, expresaba mientras reconocía que la tarea estaba inacabada y “será difícil”, “por eso estoy aquí, porque tan solo ver lo que pasa me parte en pedazos”.

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