El referéndum de Chile – The Statesman

Ubicado en el corazón de Sudamérica, Chile enfrenta una coyuntura crítica en su camino constitucional, donde el rechazo de una nueva constitución conservadora en la votación del domingo refleja una compleja interacción de corrientes políticas y descontento social. El 55,76 por ciento de los chilenos se opuso a la restauración de la constitución anterior al dictador Augusto Pinochet. Se trata del segundo rechazo en otros tantos años, lo que refleja los efectos continuos de las protestas de 2019 contra la desigualdad. El presidente Gabriel Boric reconoció las profundas divisiones dentro de la nación y dijo que el proceso «no conduce a la esperanza de tener una nueva constitución escrita por todos». El rechazo subraya una desilusión palpable entre los ciudadanos, muchos de los cuales inicialmente abrazaron la perspectiva del cambio. El secretario de Valparaíso, de 65 años, expresó su decepción después de la votación y dijo: “Honestamente pensé que las cosas iban a cambiar. Pero, lamentablemente, nada ha cambiado. El camino hacia la reforma constitucional ha estado marcado por idas y venidas. La primera iniciativa, dominada por fuerzas de izquierda, se centró en los derechos sociales, indígenas, ambientales y de género. Sin embargo, este borrador encontró un rechazo abrumador. Con los partidos conservadores dominando la asamblea elegida para redactar la nueva constitución, el péndulo giró hacia la derecha en el segundo intento. El texto propuesto se consideraba promercado pero mantenía una posición conservadora sobre la propiedad privada, la inmigración y el aborto. Cuatro años de intenso debate y discurso constitucional han devuelto a Chile a un encuentro familiar. Los observadores dicen que el resultado del referéndum traerá estabilidad política y confianza de los inversores.

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Sin embargo, la pregunta clave permanece. ¿Qué hará el gobierno a continuación? El presidente Boric descartó una tercera reescritura de la Constitución y prometió abordar las preocupaciones de los ciudadanos mediante reformas fiscales y de pensiones. El énfasis en el diálogo, el consenso y la acción refleja el sentimiento más amplio de que el país quiere soluciones concretas a problemas profundamente arraigados. Los observadores señalan que la facilidad para cambiar la constitución hoy plantea dudas sobre la determinación del gobierno. Sin embargo, en medio de este enigma constitucional, hay una reflexión conmovedora sobre el panorama sociopolítico más amplio. El rechazo expone las fracturas de la sociedad chilena, donde diferencias irreconciliables impiden la creación de un terreno medio para el progreso. Un arquitecto de Santiago captó la triste realidad de manera sucinta: «Nuestras diferencias son tan irreconciliables que no podemos encontrar un punto medio desde el cual salir adelante, lo cual es muy triste». Mientras Chile navega por estas aguas turbulentas, el rechazo de una nueva constitución sirve como un claro recordatorio de que el camino hacia la reforma no es lineal ni predecible. El país se encuentra en la encrucijada de su viaje democrático, lidiando con los fantasmas de su pasado y sus aspiraciones futuras, buscando una manera de avanzar en una danza de democracia y contradicción.

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