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De tinta y rebeldía | Ar Mendoza

“Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica”, frase legendaria de un gran revolucionario como lo fue Salvador Allende, refiriéndose claramente a la participación y a la importancia que desempeñaban todas y todos los jóvenes en el desarrollo político, social y cultural de Latinoamérica, convirtiéndose así en una frase emblemática y recurrente entre todas y todos aquellos a los que nos apasiona la política.

Sin embargo y sin afán de generalizar, hoy observo en cada rincón de la ciudad, tanto en cafés, como en bares, conciertos, universidades y lugares de recreación, una total apatía por parte de los jóvenes hacia la participación política en cualquiera de sus ramas, tanto en la militancia partidista, como en el ámbito de protesta, propuesta o participación social-política, lo que sin duda prende los focos rojos del país, pues una juventud indiferente conlleva a un futuro incierto y propenso de un malestar eterno.

En parte comprendo el porqué de la apatía, pues la democracia en México es inexistente y así se ha venido manifestado en las últimas décadas, lo cual genera un síndrome de malestar entre todas y todos los jóvenes, pues es muy común escuchar frases como; “de todos modos hacen lo que quieren” o “no voy a votar porque van a poner a los que ellos ambicionan”, y es así como el pensamiento se generaliza, sin embargo la poca participación o preocupación del sector juvenil en dichos temas recae directamente en su futuro, lo que genera malos gobiernos y por ende falta de políticas públicas adecuadas para la generación de más y mejores empleos encaminado al fortalecimiento del sector juvenil.

Así pues, dentro de las empresas de Michoacán tampoco cambian mucho las cosas, pues es muy común escuchar frases como “no tienes experiencia”, “solo necesito un practicante”, “te pago la próxima quincena”, “necesito referencias tuyas”, “apenas egresaste de la universidad”. Estas son frases que de a poco van ahuyentando al talento de todas y todos los jóvenes que han luchado por un mejor futuro para los suyos y para México en general.

Cientos de veces he escuchado frases insulsas y sin sentido como “el que quiere puede” o “estás jodido porque así lo deseas”, sin embargo yo soy más pesimista al respecto, pues creo que sin las condiciones adecuadas no se puede ser muy positivo, además cuando las empresas te cierran las puertas por pretextos como la falta de experiencia o la falta de preparación, es ahí donde tendríamos que alzar la voz porque no olvidemos que somos el futuro pero también somos el presente.

Es por eso que creo que los jóvenes deben estar al pendiente de cómo se toman las decisiones de su estado, municipio, tenencia o colonia, pues algo que ha llamado mi atención en diversas charlas con amigos de diferentes licenciaturas, especialidades o maestrías, es que desconocen a sus legisladores, presidentes municipales e incluso a quien los gobierna en sus estados, lo que lleva abrir los signos de interrogación y preguntar ¿a quién le vas a exigir cuentas de lo mal que están las calles de tu colonia? ¿dónde está el recurso que se asignó para mi universidad? todos estos son cuestionamientos vitales a la hora de protestar y de proponer algo real.

Es claro que la apatía está latente en la juventud mexicana, en otros países latinoamericanos aún queda grabada en cada memoria y en cada conciencia esa frase tan pura y tan viva de Salvador Allende, “Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica”, pues ante la primera injusticia alzar el puño y proponer ideas de cambio, de lucha y de revolución se convierte en la única opción, pero en México parece que no pasa nada.

Suena preocupante y debemos tenerlo en cuenta a cada momento, pues somos una generación que dista mucho de tener estabilidad laboral, o de pensar siquiera en una pensión o una jubilación a futuro, por lo que para un servidor lo más importante es y será crear una colectividad y una unión juvenil para desarrollar proyectos, trabajos e ideas.

No callemos, propongamos, expliquemos y expongamos todo el talento, toda la capacidad y todas las ideas que podamos, recordemos con ahínco aquellas ilusiones que teníamos cuando ingresamos a la universidad, aquellos sueños de querer cambiar el mundo, de modificar el sistema, teniendo en claro siempre una idea, pues como lo expresaba “V”, aquel glorioso personaje creado por Alan Moore y David Lloyd e interpretado por Hugo Weaving en el filme “V de Venganza”, “las ideas son aprueba de balas” y por ende defenderlas a muerte se convierte en una obligación.

Apaguemos la televisión, miremos al frente, hagamos nuestra propia historia, alcemos el puño y simplemente recordemos que: “el precio de desentenderse de la política es ser gobernados por los peores hombres”. Platón.

@ArielMendozaAr

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