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Tras 40 años, Chile inicia la vía para desbaratar la constitución de Pinochet

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En medio de una campaña del terror que no permeó entre el electorado, Chile inició la votación por el referendo para derribar la Constitución vigente desde la dictadura de Augusto Pinochet. Un proceso inédito para los chilenos, y que muchos ya consideran como el plebiscito más trascendente de la historia moderna del país.

El tema no es menor. Según historiadores como Sofia Correa Sutil, se tratará de la primera posibilidad de formar una Asamblea Constituyente real en el país desde 1870.

Las opciones son dos: Apruebo, entre quienes están por modificar la actual carta magna y que según las ultimas encuestas representaban a cerca del 70% del electorado, y Rechazo, de quienes prefieren mantener la constitución actual, emitida en 1980 y que nunca ha estado completamente legitimada dadas las comprobadas irregularidades entre las cuales se llevó a cabo el proceso.

Pero también hay otros dos factores en juego: el hecho de que la nueva carta magna sea redactada íntegramente por chilenos sin cargos políticos (opción Convención Constitucional), o que la elaboren una mezcla entre personas sin cargos y diputados y senadores (opción Convención Mixta).

Hasta el momento, y dada la desconfianza estructural en la clase política chilena en los últimos años, la votación parece inclinarse por cerrar el espacio a los políticos tradicionales.

El referendo de hoy es resultado de las movilizaciones masivas que estallaron el 18 de octubre del 2019, por lo que para muchos intelectuales de tendencia izquierdista se trataría de un genuino triunfo popular.

Otros sectores, sin embargo, cuestionan la violencia que ya se ha hecho costumbre y que ha convertido a la antes relativamente pacífica ciudad de Santiago en un epicentro de desencuentros que acarrea muertos, balaceras, quema de edificios emblemáticos y una distancia cada vez mas pronunciada —y grave— entre las corporaciones policiacas y los ciudadanos.

También se trata de un desencuentro que implica la naturaleza misma de la derecha y la izquierda en Chile.

Los partidos de la ultraderecha han llamado a mantener la constitución vigente, para lo cual han elaborado una campaña del terror centrada en la violencia política de los últimos meses. También han sostenido que el supuesto “milagro económico chileno” (una tesis cada vez mas cuestionada) se debe precisamente a la estabilidad que otorga.

Los reformistas, en cambio, están integrados por la izquierda oficial hasta la derecha moderada, sin tomar en cuenta a grupos cercanos al anarquismo o la ultraizquierda que rechazan cualquier tipo de plebiscito y que han protagonizado los desmanes (en ocasiones infiltrados por las policías del propio gobierno de derecha en Chile).

La constitución chilena ha estado en amplia discusión desde hace décadas. Emanada durante la dictadura militar entre situaciones comprobadas de falseo de votos, acarreo de votantes y férreo control del gobierno sobre el proceso, fue avalada durante los años 80 por gobiernos como los de Margaret Tatcher y Ronald Reagan, que junto con Inglaterra y Estados Unidos convirtieron a Chile en el cuarto pilar (el tercero fue la Sudáfrica del apartheid) mundial de la economía neoliberal moderna.

En síntesis, se trataba de una constitución que fundaba la operación del país en la iniciativa empresarial casi sin freno, otorgando amplias garantías a empresarios nacionales y extranjeros y privatizando todo lo que fuera posible privatizar.

Sus detractores, en cambio, cuestionaron durante décadas la falta de garantías a la participación horizontal y efectiva de los ciudadanos, el hecho de que el supuesto milagro favoreciera a unos pocos acomodados en desmedro de la amplia mayoría de los chilenos e incluso extremos tales como privatizar aspectos fundamentales como la educación, la salud o el derecho al agua en un país mayoritariamente pobre.

Por lo pronto, y en lo que muchos ven como una señal de lo que ocurrirá este día, los chilenos en Nueva Zelanda —los primeros en votar— se pronunciaron de forma categórica: 93% para el Apruebo, 7% para la opción Rechazo.

La constitución de Pinochet podría estar viviendo sus últimos días.

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