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La polémica –e interesante– teoría que plantea el decrecimiento económico como solución para el mundo

Metapolítica

Morelia, Michoacán.- Puede parecer un contrasentido, pero en realidad se trata de una propuesta muy seria: el decrecimiento económico podría ser la vía para mejorar las condiciones en la cuales viven millones de seres humanos en el mundo.

La idea reflotó esta semana luego que 170 científicos holandeses enviaran una carta a su gobierno avalando la idea.

El decrecimiento como opción fue planteado en 1968 por el Club de Roma, y hoy suena fuerte en los foros internacionales. Según sus adherentes, representa una oportunidad única para priorizar el bienestar social y ecológico más allá de los índices económicos, y de generar condiciones acordes a un planeta que a diario demuestra que traspasó los límites de su equilibrio.

Pero para lograr el objetivo que se plantea, se requiere modificar el esquema económico neoliberal imperante hoy en el mundo.

O lo que es lo mismo, pero a la vez mucho más complejo: un cambio radical de nuestra forma de vida.

Según sus adherentes, representa una oportunidad única para priorizar el bienestar social y ecológico más allá de los índices económicos, y de generar condiciones acordes a un planeta que a diario demuestra que traspasó los límites de su equilibrio.

Pero la idea choca frontalmente con las políticas históricas sostenidas por instancias de alcance global como el Banco Mundial (BM), el Fondo Monetario Internacional (FMI), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) e incluso la misma Organización de las Naciones Unidas (ONU), que en su octavo Objetivo de Desarrollo Sostenible impulsa literalmente a “promover el crecimiento económico inclusivo y sostenible”.  

Y para la mayoría de los economistas el concepto aparece solo en sus peores pesadillas. Y lo hacen notar.

“En el segundo trimestre de 2020 la Estimación Oportuna del Producto Interno Bruto (PIB) disminuyó 17.3% frente al trimestre anterior, y tuvo una reducción real de 18.9% en su referencia anual”, publicó apenas el pasado 30 de julio la revista Forbes.

Y se lamentó:

“Se trata del retroceso más profundo en la historia del indicador desde que se inició su registro en 1993. Además, es el quinto trimestre consecutivo con un retroceso en este indicador”.

El argumento central es que el aumento de la renta o de los bienes y servicios que la economía de un territorio produce en un tiempo determinado, generalmente medido en años, genera un incremento significativo de los ingresos y de las formas de vida de los individuos de una sociedad.

O en otras palabras:

el crecimiento económico es la ruta más corta para el progreso.

El argumento central en contra de la idea es que el aumento de la renta o de los bienes y servicios que la economía de un territorio produce en un tiempo determinado, generalmente medido en años, genera un incremento significativo de los ingresos y de las formas de vida de los individuos de una sociedad.

Las preguntas quedan en el aire. ¿Se puede apostar al decrecimiento como vía real? ¿En qué consiste una teoría que parece romper con todos los parámetros de las ciencias sociales conocidos hasta hoy? El estudio El decrecimiento sostenible, crisis ecológico-económica, desigualdad y economía social, elaborado por Emerit Bono y la Universidad de Valencia, ofrece una buena síntesis.

“Si durante el último medio siglo el limitado desarrollo humano florecía a través del éxito material que impulsaba la economía” dice el autor, “ahora aquel proceso resulta completamente insostenible tanto en términos ecológicos como sociales, socavando las condiciones materiales de aquel proceso. Se impone redimensionar la visión materialista de la prosperidad”.

Y da ejemplos concretos, que coinciden con lo expresado en la carta holandesa.

“En una sociedad más igualitaria la estructura del consumo habría sido diferente: se gastaría más dinero en comida casera que en restaurantes chic, más en vacaciones en lugares cercanos que en viajes a playas exóticas, más en ropa de utilidad que en moda de diseño”.

Este resumen cuadra perfectamente con la carta holandesa, que entre sus puntos principales plantea asumir los problemas ecológicos y la desigualdad creciente que genera el neoliberalismo, redefinir los análisis económicos centrados en el producto Interno Bruto (PIB), construir un marco económico centrado en la redistribución, modificar la agricultura para hacerla regenerativa basada en los principios de la economía circular, reducir el consumo y los viajes de lujo y cancelar las deudas a las persona so países que no pueden pagarlas.

“En una sociedad más igualitaria la estructura del consumo habría sido diferente: se gastaría más dinero en comida casera que en restaurantes chic, más en vacaciones en lugares cercanos que en viajes a playas exóticas, más en ropa de utilidad que en moda de diseño”.

“Para nosotros la pregunta ya no es si tenemos que empezar implementar estas estrategias, sino cómo lo hacemos”, aseguran los firmantes.

Estos desafíos concuerdan con lo expresado hace pocos días por la ONU, que plantea objetivos similares aun cuando las rutas hasta ahora no lo son.

“En una entrevista con Noticias ONU”, dice una nota en la página oficial del organismo, “Amina Mohammed explicó que la crisis mundial desatada por el virus podría y debería impulsar los esfuerzos para alcanzar las diecisiete metas acordadas a nivel mundial para erradicar la pobreza, crear un mundo más igualitario y pacífico y proteger el planeta, o sea los Objetivos de Desarrollo Sostenible”.

Y en México, el propio presidente Andrés Manuel López Obrador ha señalado —de manera difusa— que México debe avanzar a un nuevo indicador “que además del crecimiento económico incluya el bienestar de la ciudadanía”.

Por lo pronto, vale la pena conocer los detalles de una discusión que recién inicia.  

LA CARTA HOLANDESA

COVID-19 está sacudiendo al mundo hasta sus cimientos. La pandemia ya ha interrumpido innumerables vidas, mientras que los trabajadores de los servicios de salud y emergencias trabajan duro para ayudar a los enfermos y prevenir una mayor propagación.

Ante ello, resulta importante ubicar esta pandemia en un contexto histórico para crear una alternativa que en el futuro evite repetir los errores pasados.

El hecho de que el COVID-19 haya tenido importantes consecuencias económicas se debe en parte al modelo dominante en los últimos treinta años. El modelo neoliberal requiere una circulación cada vez mayor de bienes y personas, sin tener en cuenta los innumerables problemas ecológicos y la creciente desigualdad que provoca.

Pero las debilidades de esta máquina de crecimiento han quedado dolorosamente expuestas durante las últimas semanas.

Otra debilidad del sistema actual es la conexión entre la economía actual modelo de desarrollo, la pérdida de funciones importantes de los ecosistemas y la biodiversidad y el potencial de que enfermedades como COVID-19 se propaguen rápidamente. Lo dramático es que las consecuencias podrían empeorar drásticamente si no cambiamos a otra forma de desarrollo más allá de “business-as-usual”.

Estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) señalan que 4,2 millones de personas mueren anualmente por la contaminación del aire, y se proyecta que el cambio climático matará entre 2030 y 2050 a 250.000 personas por año. Los expertos advierten, además, que un mayor deterioro de los ecosistemas implicará un mayor riesgo de brotes de nuevos virus, mucho más poderosos.

Prevenir esta realidad requiere medidas decididas, y ponerlas en marcha lo antes posible. Aunque la crisis actual también tiene algunas consecuencias positivas —aumento de la acción colectiva y la solidaridad, la reducción de la contaminación y emisiones de gases de efecto invernadero— se trata solo de cambios temporales y marginales, y no aseguran un cambio político y económico más amplio. Por tanto, es importante analizar cómo podemos construir un mundo más sostenible, basado en formas de convivencia y desarrollo más justas, saludables y resilientes.

Este manifiesto, basado en la investigación y el conocimiento científico y firmado por 170 académicos que trabajan en los Países Bajos y se mantienen al tanto de los problemas de desarrollo internacional, presenta cinco propuestas para Holanda después de COVID-19.

  1. Una redefinición del desarrollo centrado en el crecimiento del PIB, para diferenciar entre los sectores que pueden crecer y necesitan inversión (los llamados sectores públicos críticos, y energía limpia, educación, salud y más) y los que necesitan un decrecimiento radical debido a su insostenibilidad fundamental o su papel en el impulso del consumo continuo y excesivo (petróleo, gas, minería, publicidad, etc.).
  • Un marco económico centrado en la redistribución, que establezca una renta universal basada en un sistema de política social universal, una fuerte tributación progresiva de la renta, las ganancias y la riqueza, la reducción de horas de trabajo y el trabajo compartido, y el reconocimiento como valor intrínseco al trabajo en servicios públicos esenciales como la salud y la educación.
  • Una transformación agrícola hacia una agricultura regenerativa basada en la conservación de la biodiversidad, la producción sustentable y mayoritariamente local y vegetariana de alimentos, y condiciones dignas de empleo agrícola y salarios.
  • Una reducción del consumo y los viajes con un cambio drástico de las costumbres que implican el despilfarro; priorizar los viajes locales antes que los exóticos y lujosos.
  • La cancelación de la deuda, especialmente para los trabajadores y propietarios de pequeñas empresas y para los países en el sur global (tanto de países más ricos como de instituciones financieras internacionales).

Como académicos estamos convencidos de que esta visión política conducirá a una política más sostenible y equitativa y a sociedades más diversas, basadas en la solidaridad internacional y que podrán prevenir y tratar mejor los choques y pandemias por venir. Para nosotros la pregunta ya no es si tenemos que empezar a implementar estas estrategias, sino cómo lo hacemos. Instamos a los políticos, los responsables de la formulación de políticas y el público en general, a que comiencen a organizarse para su implementación.

Firman 170 científicos e investigadores holandeses.

Lee la carta (en inglés) aquí: https://www.voetafdruk.eu/index.html

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