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#ENTRELÍNEAS / ¿Jalón de orejas o tantear el agua?

Por Héctor Tapia

En ciertos momentos y coyunturas el peor enemigo de Morena es Morena mismo. No de manera generalizada, pero sí por ciertos actores políticos.

Y es que con la postura que asumió este inicio de semana Alfonso Ramírez Cuéllar, dirigente nacional de ese partido, de plantear que se le extiendan facultades al INEGI para que puedan verificar también la situación patrimonial de los mexicanos, se abonó a poner en entredicho al presidente Andrés Manuel López Obrador, fundador y líder de este movimiento político que hasta el momento tienen un amplio dominio en las distintas áreas de decisión.

Tras esa postura llovieron las críticas, como era de esperarse. Y, por tanto, la pregunta resulta obligatoria, ante la obviedad de  que surgiría un escenario de confrontación por una propuesta de este tipo.

¿Realmente Alfonso Ramírez Cuéllar no sabía que generaría rechazo no sólo a la propuesta sino que echaría a andar las cada vez mayores críticas hacia el presidente y la Cuarta Transformación?

Ramírez Cuéllar, reconocido por muchos, tiene una gran habilidad política; sin embargo, en esta ocasión “metió la pata”, “se resbaló”, quizá por querer quedar bien o lucirse; aunque en lo personal no me queda claro si fue intencional o si el exabrupto fue producto de un “lapsus”. O si, yendo más allá, fue “echado a andar” deliberadamente desde Palacio Nacional para “tantear las aguas”, y que una vez medido el panorama se pudiera resultar con una posición oficial al respecto, como ya sucedió.

Tras el rechazo unánime que hubo al planteamiento hecho por Alfonso Ramírez, el mismo presidente durante la mañanera remarcó no estar de acuerdo con dicho planteamiento; incluso algunos actores, de Morena mismo, han señalado que pensaron que se trataba de una serie de Fake News, ahora que están tan de moda.  

Esta propuesta de que el INEGI sea una herramienta casi “fiscalizadora”, sólo dio más carnita a la oposición, y posturas como estas, y como algunas otras, sólo generan desconcierto, molestia, encono, que en nada le favorecen a esa marca que todavía tiene ciertos bonos ante el electorado, pero que cada vez más –en algunos puntos- comienza a reflejarse cierto declive.

Adicional, es cierto que planteamientos como estos generan costos políticos a partir de las polémicas que desatan, dejan mal parado a Morena; aunque, el otro lado de la moneda, también le dan la oportunidad de lavarse, al rechazar desde su máxima figura, este tipo de iniciativas , y sobre esto último le devuelven legitimidad al ejercicio del poder.

Alfonso Ramírez Cuéllar dirige al partido político más grande del país, y aunque no se comporte o tenga la disciplina de un partido político, justo por eso tiene que enfocarse en organizar el proceso de renovación de las dirigencias, asunto no menor, dado que los tiempos están encima, y no caer en la tentación de generar polémicas que le signifiquen retrocesos y pérdidas a su partido. A menos, como dije hace rato, que sirva para “tantear las aguas”.

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