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Desde España / Diario del Confinamiento / «Resistiré»

Por Erydani Próspero / Valencia, España.

Miércoles 8 de abril. Nos acercamos al día 30 de confinamiento en Valencia, España. Aquí estoy, a 9 mil 505 km de mi hogar con los mismos miedos, esperanza e incertidumbre que el resto del mundo.

Las horas transcurren a un ritmo extraño pero rápido.

*          *          *

En el apartamento estamos Fernanda, Inés y yo. Cada vez que volvemos a encontrarnos por la mañana nos sentimos en una película de ciencia ficción… como atrapadas en un bucle eterno. La vida no se ha detenido, pero las noticias nos hacen sentir que permanecemos en pausa.

“El nuevo repunte registrado este miércoles en muertos (757) y nuevos contagios (6 mil 180) indica un cierto estancamiento en el descenso de la curva de la epidemia”, dice La Vanguardia. “En palabras del ministro de Sanidad, Salvador Illa, continúa en una ‘fase dura’ en la que, a pesar de haber logrado el objetivo de estabilizar la presión sobre el sistema sanitario, es indispensable que no se relajen las medidas de confinamiento”.

En el ambiente se respira un aire de esperanza. Pero los ánimos siguen un poco por el suelo. El único momento del día en que se ven sonrisas es el de la hora del aplauso sanitario. A las 20:00 horas, cada día, suena a todo volumen el nuevo himno de España:

Resistiré, erguido frente a todo

Me volveré de hierro para endurecer la piel

Y aunque los vientos de la vida soplen fuerte

Soy como el junco que se dobla, pero siempre sigue en pie

Resistiré, para seguir viviendo

Soportaré los golpes y jamás me rendiré

Y aunque los sueños se me rompan en pedazos

Resistiré, resistiré…

Ahí vuelvo a ver cada día a ese señor de 60 y pico en el último piso del edificio de enfrente, siempre con su cigarrillo en mano; a esa pareja de adultos mayores que no tienen balcón, pero se asoman cada uno desde distinta ventana; a ese padre soltero que baila en frente de su hijo para que el niño piense que se trata de una fiesta; a la señora en bata y pantuflas; a esa familia de tres que siempre salen con una inmensa sonrisa y saludan con entusiasmo a los vecinos.

Toda en dos minutos…

Fotografía: Erydani Próspero

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Han sido días rarísimos, en los que no pasa nada y también pasa de todo. Le corté el cabello a Inés, terminé una serie de 8 capítulos en un día, avancé en equipo con mi trabajo de fin de máster, tomé clases online, y lo más interesante: tuve una reunión de copas con mis amigas del máster a través de Zoom.

Hicimos esta videollamada para despejar las mentes y pasar un rato agradable entre amigas fuera del tema del coronavirus. Nuestro objetivo fracasó porque al final solo volvimos a hablar de lo mismo. Todas estamos preocupadas por el futuro. Sentimos que nuestro presente está suspendido, pero una de mis compañeras hizo un comentario que le cerraba la boca a todo lo anterior:

“Cuando el mundo se paró… ¿quién siguió despierto? Esos, los que no se detuvieron e hicieron algo para no estancarse, son los que lograrán cosas”.

Me quedé con esa idea para no detenerme y continuar aprendiendo. Me planteé planes A, B, C y D. Me creé distintos escenarios. Mejoré mi rutina (aunque me parece imposible mantener el optimismo las 24 horas del día…) La incertidumbre no se lleva bien con la motivación.

Otra secuela del coronavirus en el mundo: la incertidumbre.

Mi cuerpo exige estar en casa… ¡en su verdadera casa! Mi subconsciente me lo grita en forma de insomnio… Un insomnio que “incidentalmente” coincide con el horario de México. Me da sueño cuando en México ya es de noche, y despierto cuando en México están a punto de sonar sus alarmas.

Estoy a 10 mil km. Pero el miedo, la esperanza y la incertidumbre son los mismos.

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