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Una michoacana en el centro mundial de la pandemia

Erydani Próspero, comunicóloga moreliana que desde el año pasado permanece en España cursando una maestría, narra su experiencia en uno de los tres países con más muertes por coronavirus. La joven profesionista invita a los mexicanos a mantener la calma y ser responsables, y advierte lo que podría pasar en el país si no nos preparamos. Hoy, en exclusiva para Metapolítica, la visión de una michoacana en el corazón de la pandemia que azota al mundo.

Por Eduardo Pérez Arroyo

Morelia, Michoacán/Valencia, España.- Llegó en septiembre de 2019 con las ganas de conocer España, perfeccionarse en su profesión y vivir todo lo que se vive cuando se es joven y se tiene un país y un continente completo a su disposición. Compartió vivienda con jóvenes de varias nacionalidades, hizo nuevas amistades y se empapó de la historia milenaria de los nuevos rumbos que conocía.

La contingencia generada por el coronavirus, que explotó casi de la noche a la mañana, la encontró el Italia, el primer epicentro europeo de la pandemia que ya es considerada como el más masivo azote mundial en varias décadas.

Erydani está alerta. No tiene miedo, pero admite que la situación ya le afectó en términos laborales y académicos. No es exageración. Según los datos de la Organización Mundial de la Salud, España es hoy el tercer país con mayor cantidad de muertes después de China e Italia. Ella lo ha visto de cerca.

Sobre lo que le espera a México, es categórica: si no nos preparamos, el COVID-19 podría generar un caso parecido al que se vive hoy en otras capitales del mundo.

En exclusiva para este medio, comenta lo que ha visto.  

—Estuviste en Italia y España desde que comenzaron las consecuencias del coronavirus. ¿Crees que el problema es tan serio como aparece en la prensa mundial, o es una exageración?

—En un momento llegué a creer que era una exageración. Veía aún a mucha gente en las calles, que los eventos masivos no se cancelaban, etc. Todos continuaban su vida normal. De pronto, en pocas horas, el número de contagiados comenzó a expandirse. Pero la gente en Valencia aún no se lo tomaba en serio. Las fiestas de inauguración de “las fallas” seguían en pie. Todos los días de la semana, a las 14:00 horas, se juntaban cientos de personas en el centro solo para escuchar los famosos petardos de la “Mascletà”.

Las noticias comenzaron a sonar cada vez más fuerte para España: “Países de la Unión Europea cierran fronteras con España”, “España alcanza los 20,000 infectados”, “Madrid alcanza los 628 muertos por COVID-19”… Y la más dramática para los valencianos: “¡Se cancelan las fallas!”. Esto no fue suficiente para muchos jóvenes, que se escudaron en un argumento egoísta: “La tasa de mortandad es del 2 a 3%, además los que se mueren son adultos mayores o gente con enfermedades previas”. Me incluyo, porque en algún momento también me atreví a usar este argumento para no perder un viaje que ya había pagado.

—¿Qué medidas concretas se han dispuesto para enfrentar la pandemia? ¿A quiénes les afecta?

—No podemos salir de casa, a menos que sea para comprar comida o ir a la farmacia o al hospital. Cuando vamos a los supermercados entramos de 2 en 2. Antes tenemos que hacer una fila con un metro de distancia entre persona y persona. Hay cintas en el suelo que indican la distancia. Por otro lado, quienes trabajan en oficinas hoy hacen “teletrabajo”. Las escuelas permanecen cerradas, y las clases se imparten online. Todos los eventos están cancelados, y restaurantes, tiendas y bares permanecen cerrados.

—¿Cuál fue el primer momento en que realmente te afectaron las medidas?

—Fue apenas hace una semana que se hizo oficial la cuarentena en España. Estaba saliendo de mis prácticas extracurriculares; recién habían dado la noticia, y la gente corría a los supermercados para hacer una despensa grande que les fuese suficiente para no salir en 15 días.

Hoy nos encontramos en el sexto día de aislamiento. En ese lapso ya he pasado de las clases presenciales a las clases online, he perdido un viaje planeado y la empresa que me contrató para realizar mis prácticas me despidió por considerar “muy complicada” la capacitación a distancia.

¿Cómo es hoy tu día a día entre toda la crisis?

—Procuro mantener una actitud positiva. Quedarme en casa no es el fin del mundo, sino una medida de prevención que contribuye a que las cosas mejoren más rápido. Hago rutinas para aprender cosas nuevas, me ejercito, leo, veo series, hablo con mis amigos y mi familia.

¿En que te ha afectado en relación a tus actividades laborales o estudiantiles?

—Como estudiante extranjera, me es muy frustrante haber venido hasta acá para terminar tomando clases en línea. Incluso me planteo pedir a la institución que considere una bajada del coste de colegiatura por este mes, aunque honestamente no creo que vaya a tener éxito. También es una situación complicada para la universidad.

—¿Has tenido problemas para surtir tu despensa o adquirir tus artículos de necesidad básica? ¿Cómo está operando ese aspecto?

—Para nada. Las de compras de pánico duraron poco. Se podría decir que un viernes la gente arrasó con la carne, pollo, enlatados, y claro, todos los rollos de papel, y luego un lunes se dieron cuenta de que los supermercados no dejarían de surtir aun si estuviésemos en el fin del mundo. Entonces las compras volvieron a hacerse con normalidad.

¿Cómo has visto el ánimo de toda la gente? ¿Están más cerca del pánico o de la tranquilidad?

—Los mensajes que recibo de mis compañeros de máster son de pánico, ansiedad y estrés. Pero la actitud de mis vecinos es más tranquila. Todos los días a las 12:00 pm se asoman desde sus ventanas y juegan bingo o “adivina la palabra”, tocan música o simplemente conversan. A las 20:00 y 21:00 la gente vuelve a asomarse y aplauden a los médicos de España. En muchas terrazas se han hecho hasta mini conciertos… El ánimo, por supuesto, depende de cada persona.

—¿Cómo está la vida cotidiana en las calles?

—No se ve mucha gente en calle. Desde mi terraza alcanzo a ver por ratos que pasa una o dos personas con sus bolsas del mercado, y eso es todo.

—¿Has visto, oído o sabido de casos de mayor gravedad?

—No en Valencia.

—Los españoles o extranjeros que permanecen en España, ¿han reaccionado bien ante las indicaciones? ¿Son obedientes o más bien desidiosos?

—Son obedientes más que nada por evitarse las multas, aunque también por miedo y responsabilidad. Han circulado algunos videos de distintas ciudades de España en los que algunas personas salen a pasear por las calles, y la gente grita desde sus terrazas: “irresponsable”, “regresa a tu puta casa”, entre otros insultos. Las redes sociales han sido un gran medio para concientizar. La gente sube mensajes de ánimo e ideas para hacer más ameno el día utilizando el hashtag: #YoMeQuedoEnCasa.

—En México, y en Michoacán, las personas no se han tomado realmente en serio la posibilidad de una pandemia. ¿Cómo fue la situación en España desde inicios de este año? ¿Se prepararon antes, o el COVID-19 los tomó de sorpresa?

—No hubo preparación alguna, y por eso se permitieron algunos eventos masivos antes de que las cosas empeoraran. Pensé, ingenuamente, que México sería más precavido al tener dos pésimos ejemplos como antecedentes: España e Italia. Literalmente, estos dos países fueron una guía detallada de todo lo que no se debió hacer.

—El Banco de España ha advertido este viernes que la economía sufrirá “una perturbación sin precedentes”. ¿Has visto o escuchado algunas afectaciones económicas serias? (Tiendas de barrio, bares, servicios, etc).

—Sí. Hace un par de semanas varias empresas alcanzaron a despedir a todo su personal, y otras incluso cerraron. Los sectores más importantes de España como hostelería, cultura, deporte y gastronomía, van a la baja. Hace algunos días se prohibió correr a la gente de sus trabajos, así que hoy las empresas hacen “ERTE” (Expedientes de Regulación de Empleo Temporal), que significa que el contrato de trabajo se suspende temporalmente para retomarlo cuando la situación mejore.

—¿Qué recomendarías a los michoacanos, a quienes aún no pega tanto la crisis que sí afecta a otros países?

—Que le den a esta situación la importancia que se merece. España e Italia también llegaron a ser esos “a quienes aún no pegaba tanto la crisis”, y hoy Italia supera a China con número de muertes. Hace algunos días seguía viendo que amigos de Alemania compartían videos y fotografías de sus vidas normales en la calle, y hoy, 20 de marzo, Alemania ha superado a España en número de infectados. Lo interesante es que Alemania, aun teniendo un gran número de infectados, tiene un porcentaje de muertes mínimo dado que este país ha tenido una capacidad impresionante para realizar una infinidad de test a tiempo.

Recomiendo a la gente que sea consciente de que las medidas de prevención que se nos piden son extremadamente sencillas. Tan solo se requiere que tengamos higiene y que permanezcamos en casa hasta nuevo aviso… no hay que hacer más; y retomo la frase: “cada una de nuestras acciones individuales afectan a la sociedad”. En España muchos ignoramos por mucho tiempo la bola de nieve que se nos venía encima; pensamos que el coronavirus era una simple gripa fuerte, que solo afecta a la gente mayor o de enfermedades previas, nos burlamos, seguimos con nuestras actividades, no se cancelaron eventos ni se cerraron fronteras, y debido a ello España desperdició un mes de prevención y hoy se encuentra entre los países más afectados por el virus a nivel mundial.

—¿Qué mensaje darías a todos quienes pudieran sentirse afectados por esta pandemia?

—Pasamos por tiempos complicados y es muy fácil que nos inunde la apatía, el miedo, el estrés y la ansiedad. Es probable que cierta prensa se comporte de forma amarillista, pero la realidad es que vivimos una pandemia que ha infectado a miles de personas en todo el mundo. Puede ser letal, pero también puede ser superado. China, después de todo, logró vencer al virus y nos da el ejemplo de qué es lo que tenemos que hacer.

Hacer cuarentena no debe ser un sacrificio o un castigo; depende de nosotros convertir la estadía en casa en un espacio para la reflexión, el análisis y la introspección. Una oportunidad para aprender, leer, descansar, incluso para salir de nuestra zona de confort. Hoy veo a la gente nuevamente, después de muchos años, dando los buenos días y las buenas tardes, desde sus balcones, ¡e incluso desde un edificio a otro! Son tiempos difíciles, pero que pueden hacernos recordar valores como la solidaridad, el respeto y la unión.

Esta situación me ha puesto a pensar en lo frágil que es la vida, en lo sencillo que es que planes, metas y vidas se desmoronen en un par de horas. Miles de personas tienen la frustración de haber perdido un vuelo, un empleo, una oportunidad o hasta la vida de un ser querido. Así que me queda claro: quedarnos en casa no es ni será lo peor, ni alarmarnos servirá para mejorar las cosas. Tenemos una sola cosa que hacer: ser responsables.

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