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OPINIÓN // México y sus mujeres

Por Ana Eugenia Jiménez Hernández

En marzo ha sucedido un evento sin precedentes en México, «Un día sin mujeres», nos hemos unido para luchar, exigir y concientizar, en ejemplo de otros países como las mujeres Islandia por la libertad en 1975, Polonia por el aborto en 2016, Argentina para exigir justicia ante un feminicidio impune en 2016, Estados Unidos en contra de comentarios misóginos por parte de su presidente en 2017, que si bien ha sido por diferente causa entonces ¿Por qué es un mérito tan grande en México? La respuesta reside en que, por primera vez México encontró empatía hacia las mujeres, mujeres que han estado bajo el yugo histórico del hombre y la violencia del mismo, cosa que se refleja en la cultura y en el pensamiento.

Estos días escuché que faltaba en el movimiento feminista una figura fuerte que estuviera al frente, pero la fuerza del movimiento no reside en una persona, reside en la unión de las mujeres como un solo ente exigiendo justicia ante los feminicidios ocurridos. Este 8 de marzo nadie convocó a las mujeres, nadie les dijo “salgan a las calles a gritar por la inseguridad que viven en la cotidianidad y el miedo que hay día a día, el pánico al salir de casa, ver de reojo hacia atrás, agarrar las llaves entre los dedos recordando la defensa personal de aquellas películas de Hollywood; sal a las calles a gritar por sentir culpa cuando alguien te acosa por llevar esa falda tan corta”. Nadie exigió nada y aún así las mujeres dieron todo.

El 8 de marzo fue mi primera marcha, primera porque al ser una mujer privilegiada, y cubriéndome con la ignorancia y las comodidades, crees que el feminismo no es para ti, claro, tienes un abuelo, un padre, un hermano y amigos que te aman. Es salir de la burbuja de esos privilegios, ¿quién te lleva a casa cuando es noche y estás en una fiesta? Uber ¿Quién trae tu comida cuando no quieres salir? Rappi, ¿Qué haces cuando no tienes con quien salir al cine o simplemente no quieres ir? Ves Netflix. Pero uno no puede permanecer en la ignorancia, lees noticias, hablas con mujeres, resulta que 8 de las 10 amigas que tengo han sido acosadas y violadas por un familiar, edades como a los 4 años, por un amigo a los 17, por un desconocido a los 21, niñas violadas por sus padres, mujeres encontradas en bolsas de basura con torturas dignas de una película gore, pero aun así sólo ves las cifras; la apatía y la comodidad es tan grande que sólo ves las cifras y lo lamentas, pero no haces nada, sin embargo, juras que a ti no te puede pasar, te cuidas, no sales sola, e incluso tomas un curso de defensa personal ya que con esto, nada te puede salir mal… Pero te pasa, porque eres foránea, porque eres mujer independiente, pero no existe una jaula de oro, no sabes qué hacer y notas que tus privilegios no te cuidarán para siempre.

Ese día la marcha inició con mucha alegría, mujeres con carteles, gritaban consignas que yo desconocía, cohibiéndome porque no me sentía parte de, cantando en voz baja y de forma uniforme. En ese momento esperas algo, nadie sabe qué, pero sigues cantando, golpeando las cacerolas que llevas, veo niños y niñas con tazas de peltre y una cuchara vieja, no saben que pasa, pero ven con admiración a su mamá con un pañuelo verde y una camisa morada. Esta marcha la lidereaba la batucada feminista, después las mujeres poderosas (madres, familias víctimas de feminicidios y sobrevivientes de violencia), infancia y maternidad, siguiendo mujeres autónomas, colectivas y, por último, mujeres en bicicleta. Resalto que de esto me enteré mucho después, ya que nadie decía a donde tenías que ir, no se hizo viral, pero todas las mujeres cubrían o protegían los francos de la mujer que lucía moretones casi desaparecidos y un cartel donde se apreciaba una leyenda: «Amiga, si te pega no te ama, YA NO MÁS». Caminamos alrededor de 17 kilómetros, la energía no disminuía y conforme caminabas, sabías que estabas en el lugar correcto, luchando por ti y por mujeres que no conoces, pero que no son tu competencia, por primera vez entendí que las mujeres no somos competencia, son las únicas que entienden cómo me siento, cómo lloro y al sangrar comprenden mi tristeza, esos días en los que me siento diosa, y los otros donde quiero vivir bajo mis sábanas, ahí no había competencia, no había soledad.

De regreso al centro, los gritos se hacían más fuertes y era más fiesta que lucha, y sucedió algo único, se levantaron las manos de todas las mujeres, y ahí comprendes por qué estás luchando, una ciudad entró en un silencio fúnebre, nadie habló, nadie gritó, nadie se movió, eran 10 mil mujeres haciendo silencio por las que ya no estaban, fue un minuto, pero se sintió como un progreso de 50 años, se escucha la ola de frente hacía atrás de nombres, ¡Por Fátima! ¡Por Abril! ¡Por Kimberly!, todas gritábamos nombres de mujeres y niñas que nunca conocimos, pero que de la manera más pura y real lamentábamos sus muertes, “SE LOS DEBEMOS”, gritábamos, mientras que a algunas se nos nubló la vista.

Llegamos al final, donde yacía una mujer desnuda, lo que no llegué a comprender pero, entendí algo, la realidad de cada persona es muy diferente, y si a ella le sana sentirse segura con su desnudez, yo se lo aplaudiría y la admiraría por lo mismo, argumento que más tarde usaré con mi madre quien recrimina el comportamiento radical, asegurando ella que en un mes yo me dedicaré a aventar bombas molotov a los policías, desnuda y con un pasamontañas negro.

Al día siguiente todo se detuvo, no compras, no música, no películas, no redes sociales, sólo existes en tu casa, sin embargo, ese día quedé con una amiga en estudiar para los exámenes del día siguiente. Mientras me bañaba en silencio, pensé si realmente en ir, al fin, sólo era compañía. Su casa está a cuatro casas de distancia de la mía, saldría con algo morado cubriendo la cara. Estoy en la puerta, no quiero salir, no me preparé y no tengo comida, pero no importa, comeré galletas para no comprar ni pedir nada. No fue un día de castigo, fue un día de platicar, entender, incluso analizar la problemática, eso hicieron los hombres ¿no? Salgo de la casa no hay nadie, pero al caminar veo mujeres esperando al camión, paso cubierta de morado, no se inmutan, no me ven, sólo esperan el camión bajo el sol, y pienso, ¿son ellas las que crean el cambio?, ¿alguien se tomó la molestia de avisarles, de explicarles porqué es importante que ellas falten?, o lo sabían y un día de falta en su trabajo significa un día de no comer, caí en cuenta que no funcionaría el 9 de marzo; las mujeres privilegiadas son las que faltan, a las que no les importa un día de no trabajar y todas ellas somos la minoría.

Aún estoy en el proceso de entender que está bien y que está mal, existen los aliados y los hombres no son malos o no todos, entonces ¿por qué nos pasa a todas? Escuché una platica sobre un grupo donde no culpaba a los hombres sino al sistema, un sistema capitalista donde exige a los hombres el éxito mediante una economía estable, para ser poderoso y tener la casa con la esposa y con un perrito, pero, ¿qué pasa cuando no hay economía, no hay trabajo y no hay superación, educación, ni bienestar social? La única forma de sentir el poder es mediante dominio sexual ante la mujer. Entonces ¿por qué pasa en todos los niveles económicos? Es la cultura desde los ancestros cuando nuestras tatarabuelas eran niñas de catorce años casadas con hombres de cincuenta creando una cultura de pedofilia ¿entonces por qué se matan a las mujeres si el mexicano está tan arraigado a la mamá? La apertura a la información y la pornografía cosificando a la mujer y educando sexualmente a nuestros hombres con desinformación y morbo, entonces ¿por qué no se ha dado educación sexual a cualquier edad para que nuestros niños sepan cuando son abusados? La religión judeocristiana, donde la única mujer venerada es una virgen que dio a luz y las demás son prostitutas o vientres rentados. No salimos de su costilla, ellos salieron de nuestro útero.

Sigo entendiendo, leyendo, buscando, platicando, queriendo encontrar la razón, pero más que una razón, quiero encontrar la solución, la educación, el diálogo, la pena de muerte, no podría decir cual, pero las mujeres no adoptaremos prácticas patriarcales en la búsqueda de un culpable, y la que quiera romper que rompa, la que quiera quemar que queme y la que no… ¡Que no nos estorbe!

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