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OPINIÓN / Tolerancia constitucional y política

Por Oscar Carbajal

Dentro de la sociedad siempre hemos escuchado que existen reglas no escritas y por supuesto que esto no es ajeno de la política, esa materia que a lo largo de la historia nos ha demostrado que existen diferentes maneras de ejecutarla y que afortunadamente para la democracia, sí contamos con reglas escritas y árbitros encargados de hacer que se respete.

Sin duda alguna y aprovechando que estamos dentro del marco de celebración de un año más de nuestra Constitución General en México, hay ciertas cosas que no debemos dejar pasar por alto cuando volteamos a ver lo que dicta y lo que hacemos.

Democráticamente, se ha hecho valer el principio de “no reelección” a nivel presidencial, lo cual es un avance dado que a lo largo de la vida que tiene nuestra carta magna, en Latinoamérica, han existido diferentes movimientos que han terminado con la democracia de los países y han mantenido en el poder a los responsables de provocar dichos “golpes”, por así llamarlos.

No hay más verdad que, ni siquiera una constitución bien diseñada puede, por sí sola, garantizar la democracia de un país, ya que legalmente debemos estar conscientes que la misma sociedad va evolucionando y con ello, las normas que disciplinan su vida; aquí es donde entra en juego la necesidad de estar en todo momento respetando a las instituciones y leyes que se encargan de regular a la misma democracia.

Para que la democracia de un país sea funcional, debe sostenerse en dos principios, los cuales son la tolerancia mutua y la contención institucional, reguladas desde los artículos 41, 115 y 116 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Aquí es donde el primero de esos principios comienza a tener relevancia en la vida política de un país, ya que la tolerancia mutua, nos lleva a comprender que las diferentes ideologías electorales, pueden convivir dentro de un sistema social con el fin de buscar la mejora en la representación ciudadana, así como el crecimiento democrático, social y cultural de la nación.

El fin único de la tolerancia mutua es, hacernos entender que siempre que nuestros adversarios acaten las reglas constitucionales, aceptamos que tienen el derecho a existir, competir por el poder y gobernar. Algunos académicos integran a ello el conocer que “podemos estar en desacuerdo con ellos, pero los aceptamos como contrincantes legítimos”, lo cual termina por fortalecer a la vida del país.

Hablar de tolerancia en México, toma sentido cuando analizamos el panorama actual en el que nos encontramos, con una izquierda apabullante y una oposición nadando contra marea; teniendo como opciones a elegir, el seguir el camino de la vida democrática como la conocemos y que ha dado resultados a lo largo de la historia, o modificarla de manera sustancial, justificando varias acciones en “mejoras para el pueblo”, los cuales terminan solamente por favorecer a la mayoría parlamentaria, dejando ver revanchismos electorales. 

Las instituciones electorales, han trabajado desde la década de los noventas, para garantizar que cada vez que exista controversia dentro de la elección de representantes, se haga valer la voluntad de los ciudadanos, misma voluntad que obliga a ser respetada desde la constitución, es por ello que el documento fundamental de México, debe ser atendido en todo momento.

Transitamos por un cambio de ideología en el poder, desde el ejecutivo y el legislativo, hasta el social, con fuerza notable en cada decisión que se toma para marcar la agenda diaria, lo cual termina por polarizar lo que se percibe en el país.

Si bien, el establecer una agenda a cumplir cuando se está en poder, llevará a generar acuerdos políticos que impulsen la competitividad electoral, demostrará que existen reglas no escritas de la política; pero el polarizar al grado de considerar que el sistema electoral debe cambiar justo en este momento y tener en la mira a la Constitución cada cinco minutos, pone en estado de alerta a las instituciones, ante una posible hiperpolitización y sentimiento de posesión de las mismas.

Entender que, en la antesala de la elección del 2021, se puede reafirmar la fuerza constitucional dentro de la organización y calificación de los comicios, dará origen a comprender que la tolerancia mutua en política, es uno de los principios que más necesitamos en estos momentos como sociedad. Ir directo a buscar estrategias electorales que a todos ponga en igualdad de circunstancias competitivas y no hacer uso del alcance de poder obtenido hasta el momento, será lo más sano para un sistema político que sigue siendo cuestionado.

Confiar que dentro de la constitución existe un verdadero y competitivo sistema electoral, nos ayudara a comprender qué, la democracia está en buenas manos dentro de los órganos constitucionales y que las batallas de poder y amenazas son innecesarias y perjudiciales para el ambiente social y político en el país, tratando de demostrar que, desordenar es ordenar, pero antes de que llegue el proceso electoral 2020-2021 debemos saber que, “la tolerancia mutua es la disposición colectiva de los políticos de acordar no estar de acuerdo.»

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