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OPINIÓN // Vicisitudes de la moderna forma de comunicar

Por: Kali Tapia Martínez.

En el afán de conseguir el mayor número de seguidores y reacciones en redes sociales, algunos medios digitales de comunicación hacen uso de contenidos que, más allá de emplear un manejo informativo relajado, informal o fresco, promueven e incitan a la transgresión de los derechos humanos, la apología del delito y la discriminación.

Con el uso de memes, imágenes virales, etiquetas, comentarios y juicios personales, rebasan los límites de la plena libertad a informar y expresarse, al violentar las facultades de otras personas y sectores de la sociedad.

En suma, lo preocupante es el alto grado de aceptación a estas publicaciones, que reflejan el pensamiento y mentalidad de quienes las siguen, comentan, comparten y viralizan, donde las expresiones sexistas y estereotipos están a la orden del día.

Ejemplo de ello, son los calificativos que, en sentido despectivo, se usan contra las madres solteras, o el que denomina a la música regional mexicana como “agropecuaria”, en detrimento del sector que es la base de nuestra subsistencia porque, literalmente, nos da de comer.

Por ello, resulta urgente la aplicación de un código de ética en los procesos de generación de noticias y su difusión en redes sociales como Facebook y Twitter.

En este sentido, el 25 de septiembre del año pasado, en Michoacán entró en vigor el Acuerdo que establece los Lineamientos Generales para el Registro en el Padrón de Medios de Comunicación Impresos, Electrónicos, Digitales y Alternativos de la Coordinación General de Comunicación Social.

Entre otras obligaciones, el documento señala el uso de lenguas originarias, además del español, cuando en la zona de influencia exista presencia de grupos étnicos, con el fin de preservar su cultura y costumbres; asimismo, explorar mecanismos para que, personas con cualquier forma de discapacidad, puedan acceder al material informativo; y también, considerar el lenguaje incluyente, ante la amplia diversidad de identidades, así como erradicar los discursos sexistas.

Igual de importante es el punto que estipula evitar la propagación de noticias falsas, muy frecuentes en la actualidad, porque ganar la primicia y procurar la inmediatez son las prioridades que exige la modernidad; éstas, en su mayoría, carecen de sustento y tienen el propósito de manipular a las audiencias.

Además, evitar la apología del delito, es decir, la promoción y defensa de conductas delictivas; así como erradicar las prácticas que revictimicen, por ejemplo, mediante la difusión de materiales visuales explícitos, donde se muestren cuerpos sin vida o con huellas de violencia.

El Acuerdo es, pues, la herramienta de consulta de publicaciones periódicas susceptibles a considerar para la elaboración de los planes, promoción y publicidad de la administración pública estatal, con especial cuidado de los datos personales y sensibles de las personas, sus derechos al honor, a la vida privada, a la propia imagen y a la dignidad.

Los criterios centrales, el respeto y la honradez, son la vía efectiva para lograr una sociedad equitativa y justa. Mientras tanto, sigue pendiente un esfuerzo similar, a partir del ámbito federal que, por desgracia, no se avizora próximo.

En conclusión, recomiendo que recordemos, la gran responsabilidad que tenemos quienes integramos los medios de comunicación, y que lo dicho en perjuicio de terceros, expone a su emisor y no a quien pretende calificar -o descalificar-.

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