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OPINIÓN // Polarizar y golpear al estado

Por: Oscar Carbajal Pérez

Este fin de semana lejos de ser uno de esos en los que tranquilamente sentimos el orgullo de ser mexicanos, estar envueltos en nuestras tradiciones y desempolvar recuerdos, debido a las festividades alusivas al día de muertos, fue aprovechado para arrojar al valle de la política el término “golpe de estado”, mismo que activó a gran parte de los ciudadanos para saber el porqué de dicho argumento por medio del Presidente López.

Un golpe de estado se da cuando las fuerzas militares o activistas de manera rebelde se organizan para quedarse con el gobierno, esto una vez que se desconoce la legitimidad y constitucionalidad de un país, a lo que analizando cada uno de los sucesos que tuvieron lugar en últimos días, no se aprecia que dicha acción haya sido realizada.

El origen de esto, se debe a los comentarios hechos por un general del Ejército Mexicano en los que solamente bajo su derecho a la libre expresión, mencionó: “actualmente vivimos en una sociedad polarizada”, a lo que claramente el Presidente López no está de acuerdo, pero, es verdad y cada día lo apreciamos más.

Es interesante apreciar cómo haber realizado dicho comentario, nos da a entender que, independientemente de las actividades que manejamos, tenemos la misma libertad de crítica, ya sea un soldado, un comerciante o un político, estamos en un país libre; además de que el desencanto de un militar, puede generar que las autoridades se alarmen y comiencen a maquilar comentarios encaminados a la construcción de un golpe de estado.

El comentario hecho el pasado sábado por medio de la Presidencia de la Republica en cuanto a que “no se permitiría un golpe de estado”, vino a provocar que se detonara una cápsula más de polarización política, que a su vez arrastró a la sociedad y, que, para efectos cuantificables, si ya estaba divida la sociedad mexicana, esto se multiplicó, tanto que las redes sociales han estallado en apoyo o rechazo al gobierno en funciones.

La polarización social en México, existe, y es un efecto que se ha generado en gran medida al desencanto que se tiene al sistema político, mismo que no ha sabido generar acuerdos entre los representantes populares, independientemente de las ideologías que se manejen y éstas a su vez beneficien a todos los ciudadanos; lo que nos lleva a observar como todo a estado orbitando en medio de los actores principales de este guión dramaturgo llamado “4T”.

Pero, algo debemos aprender de una vez por todas y eso es que, los cuestionamientos que se lancen a los gobiernos en cuanto a las medidas que se estén implementando, no es cocinar golpes de estado, es solamente cuestionar y es algo para lo que todos los actores que pretendan estar dentro de los cargos de elección popular deben estar preparados, no se puede representar a alguien sin estar seguro de lo que se busca o a lo que se enfrentará.

Dividir a un país a gran medida, puede causar efectos contraproducentes dentro del mismo, ya que no tener consensos en la toma de decisiones que se manejen, ponen en predicamento la representatividad que se ha dado a las personas que ocupan los cargos públicos, es decir, cada vez que se divide al país por medio de comentarios como los que se nos ha acostumbrado desde el 1 de diciembre de 2019, provoca que nos mantengamos en estado de alerta a la espera de ataques y guerras argumentativas, que muchas de las veces no terminan siendo más que el tema el día.

La polarización es un tema que todos deberíamos atender a diario, pero no a favorecerlo, sino a buscar como limitarla, ya que en las democracias no está mal que se tengan diferentes ideologías y que éstas saquen lo mejor de ellas para generar un desarrollo en los países; lo que no se aprueba, es que la batalla de ideologías sea cada vez más extrema, ya que cómo lo hemos visto, pueden bloquear a las ideas de quienes no son gobierno pero tienen representatividad, y hablo de ambas ideologías, teniendo el ejemplo de las extremas derechas como Brasil y Perú.

En México nos enfrentamos a la polarización de las masas, la que apoya todas y cada una de las decisiones del presidente López, contra los otros 60 millones de personas que decidieron no hacerlo y que son cuestionados de “conservadores” si deciden cuestionar algo; pero ¿Es un pecado cuestionar? Si esas son las bases que como humanos tenemos todos desde que la sociedad se empezó a formar e incluso, siempre ha sido el método para llagar a descubrimientos.

Y si es verdad que AMLO cuenta con la mayoría libre, consciente, justa y amante de la legalidad que dijo, ésta misma mayoría debe aceptar que la cultura del respeto es lo que favorece también a las sociedades, ya que el diálogo, cosa que cuando se polariza un país deja de existir, debe ser permanente, así como ese amor a la legalidad de las leyes, haciendo que cada acción de gobierno sea la mejor, la más oportuna y la que favorezca a todos, no sólo a esa mayoría, porque cuando se gobierna, se gobierna para todos, incluso, en ocasiones olvidándose de las ideologías.

La polarización política está arrastrando sin que nos demos cuenta, a la sociedad hacia un lugar en el que no existen los argumentos bien formulados, la cultura del diálogo y el respeto a las ideas. Si en un momento deseamos tanto que las diferentes ideas fueran escuchadas y que los cuestionamientos se respondieran, no es momento para repeler y dividir a un país, el cual como democracia, ya tiene constitucionalmente el golpe de estado más eficiente, y se nos da cada tres años al estar frente a las urnas.

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