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OPINIÓN / Las instituciones y los valores

Humberto Urquiza Martínez

Cuando se hace referencia a instituciones, existen diversas formas de entenderlas, una de ellas es como estructuras del poder que tienen funciones, mismas que se organiza en subestructuras (secretarias, direcciones, coordinaciones, jefaturas de departamento o muchas otras formas de denominación) que son integradas por diversos ciudadanos que cumplen con actividades públicas a partir de lo que señala la ley como principal referente del acto público por parte de los servidores.

De esa forma, todas las acciones de esas instituciones y de sus integrantes tienen un primer objetivo, cumplir la ley, sin embargo, ello no puede ni debe de quedar en eso, esto es, al ser órganos integrados por personas, existe un elemento que invariablemente y de forma intrínseca enfoca las actividades de los servidores públicos: los valores y la ética.

Esos valores se convierten en el reconocimiento mayor y la maximización de la importancia de diversos aspectos que se constituyen determinantes o fundamentales para la sociedad, son valores que validan cada uno de los actos que desarrollan las personas, tanto en sus actividades privadas como en sus funciones públicas.

En tanto que cada una de las personas cumplan con esos valores la sociedad logra caminar por el mismo sendero que todos quieren, lo que además, adquiere sentido ampliamente reconocido por todos, lo que permiten alcanzar una armonía social, que da sentido al tejido social.

Es así, que en el caso de los servidores públicos que integran y encabezan las instituciones públicas, resalta la importancia del cumplimiento de los valores, toda vez de que con ello, la sociedad creerá más en esos servidores públicos y en sus acciones, mismas tendrán plena validez y legitimidad social por encontrar coincidencia con los valores sociales.

Es por ello, que los valores en los servidores públicos adquieren relevancia tanto o mayor al cumplimiento de la ley, ya que si la realización de servidores públicos es contrario a los valores de la sociedad, se deberá de activar un mecanismo de contención en cada servidor público a efecto de evitar que esas acciones puedan tener efectos mayores. Dicha contención es propia de la conciencia individual y está vinculada con los valores.

El objetivo que tiene toda persona que ocupa el servicio público se traduce en cumplir con la ley, pero sobre todo, con los valores, hecho que permite darle mayor sentido y legitimidad a las actividades de las instituciones públicas, de no hacerlo así, no solamente provoca que su actuación sea falta de ética, si no que, además, la institución que integra o peor aún que encabeza (para el caso de las personas que son titulares de los poderes públicos) igualmente dejará de tener un sentido de respeto social y por tanto, dejará de tener credibilidad social, incidiendo directamente en el tejido social.

Por lo anterior, los valores y las acciones éticas del servicio público, son sumamente importantes para las instituciones públicas. Es por ello, que la responsabilidad pública pasa en gran medida por la ética y el cumplimiento de los valores sociales, no tener claro ello, invariablemente nos llevará a un servicio público fuera de toda ética y con un alto grado de desviación social, que incidirá invariablemente en la destrucción del tejido social y que abre el camino a la corrupción.

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