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OPINIÓN / El muelle de Faulkner

De finales y principios en arabescos

Lupin Salas

CDMX.- Esta semana en un artículo publicado en The Guardian titulado “Middle East drones signal end to era of fast jet air supremacy”, la editorial apuntaba fehacientemente al final de la era de la  supremacía aérea de veloces jets de combate, pues el ataque a las instalaciones petroleras de Aramco en el corazón de la monarquía Saudí, ponía en el ojo de los analistas militares la modernidad innegable; los drones se volcaban a los cielos y causaban estragos al mayor productor de petróleo del mundo, donde tan solo en un día se perdieron cerca de seis millones de barriles de crudo, pues es la capacidad media de dicha instalación, es decir alrededor del 5% de la producción mundial.

Pero un ataque en el Medio Oriente es una de esas noticias que pasan meramente desapercibidas, la Champions ya inició, las carreras electorales en partes medulares del mundo comienzan a gestarse, más importante aún, la región ha pasado a un segundo termino tras la fallida guerra y escaramuzas subsiguientes en Siria, donde sin un claro vencedor los grandes señores de la guerra no dan tregua y han sepultado mediáticamente el conflicto. Sin embargo, hay tres aristas importantísimas en el ataque ocurrido el pasado sábado: La primera, innegablemente es la repercusión de la política poco cautelosa emprendida por Washington, el presidente Trump dio al traste las negociaciones y los tratados nucleares firmados por la administración Obama con Teheran, sin duda, esto mermó la paciencia de la nación Persa y avivó la ayuda militar y tecnología prestada a las milicias yemenís, quienes se han visto enfrascadas en una guerra sin cuartel contra los sauditas, aliado del país americano, fuertemente criticado por su política sanguinaria y constantes atropellos a los derechos humanos, corona la cual se encuentra en el ojo del huracán tras la posible participación del príncipe Mohammed bin Salman, en el asesinato del periodista del Washington Post, Jamal Khashoggi’s. Pero las acciones de Trump nunca son meras coincidencias, el hombre fuerte del norte necesita un repunte en sus aspiraciones electorales y un conflicto con la nación persa podría significar el repunte que necesita su imagen, que mejor si dichas acciones ayudan de paso al amigo judío por excelencia, Bibi Netanyahu, quién está afrontando una dolorosa derrota electoral en Israel y a quien desde luego un conflicto armado con el odiado vecino ayudaría de manera importante.

En segundo término, están las aspiraciones propias del régimen Saudí y sus aliados del Consejo de Cooperación para los Estados Árabes del Golfo, quienes descontentos con el control hutíe de Yemen han disfrazado un supuesto ataque coordinado contra los remanentes de Al Qaeda en la región, tras una verdadera campaña de extermino racial; es pues en los mejores intereses sauditas el involucramiento de grandes jugadores internacionales en el conflicto, de paso que la llamarada alcance a sus jurados enemigos persas y un reordenamiento político de la región. El ataque por si solo fue sin duda un golpe perfectamente orquestado que impactó en una región sumida en conflictos y altamente guarecida contra cualquier connato de batalla en el firmamento. Ni bien pasaban las horas, los hutíes se habían adjudicado el ataque, en consecuenc, Washington ya culpaba de un involucramiento directo de Irán, y los sauditas prometían presentar pruebas innegables de la acción bélica ¿es un cínico ataque de falsa bandera la intentona de la corona Saudí para forzar el conflicto en la región?

Lo realmente trascendente no serán las maquinaciones de los señores de la guerra en su teatro de operaciones en la mancillada región, tampoco serán un eventual involucramiento de los aliados de Teherán: Rusia y China. Ya distintos actores políticos han opinando laxamente sobre el tema, Japón confirmó que no hay pruebas suficientes para culpar a los iraníes, China llamó a las partes a la moderación, y el mismísimo Putin urgió en tono jocoso a Arabia Saudita, adquirir los sistemas antiaéreos rusos. Al final fue Trump quién calló las aparentes voces de guerra y retaliación, y reafirmó el endurecimiento de las sanciones contra los persas. De esta forma es pertinente destacar la peculiaridad del ataque adjudicado por Yemen, una arremetida de drones que violó sistemáticamente la avanza defensa área de Arabia Saudita, el sistema “Patriot”, drones que como bien se apunta cuestan un ínfima fracción del costo de rápidos e indetectables bombarderos, drones que la actual milicia hutíe produce al ritmo de uno al mes, artilugios voladores que han burlado un sistema millonario de defensa, una guerra de guerrillas aéreas que el oriente medio está perfeccionando, con baratijas que a baja altitud son eficientes maquinas indetectables de destrucción, esto sin duda cambiará los conflictos en el futuro, y las grandes naciones tendrán que adoptar rápidamente contramedidas y copiar esquemas tan baratos de eficiencia aérea.

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