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OPINIÓN / Cultura de la Legalidad (Segunda Parte)

Por: Humberto Urquiza Martínez

A partir de la concepción de la cultural como un proceso de construcción social, en el que interviene permanentemente la sociedad y cada una de las personas que lo integran, existen diversas formas en las que se puede encontrar y reproducir.

Una de ellas es el relativo a la cultura de la legalidad, que se traduce en las normas, reglas, procedimientos, y sobre todo en los valores, como el orden, tolerancia y respeto, cuyo objetivo es producir elementos básicos para la convivencia de la sociedad, mediante normas que se convierten en obligatorias.

Esas normas pueden ser de dos tipos, las creadas por el propio Estado, mediante leyes y reglamentos, así como las creadas a partir de la aceptación por parte de cada persona que, por su conciencia y convicción, deciden cumplir con ellas.

Es así, que la cultura de la legalidad se plasma a partir del hecho de que cada persona que forma parte de la sociedad, cumple con aquellas normas y acepta subordinarse a las mismas, para materializar el orden social, a partir de normas que contienen elementos racionales y básicos para la generación de condiciones de convivencia en beneficio de todos los integrantes de la sociedad.

Por ello, la cultura de la legalidad se refiere, tanto con aquellas normas, como a la aceptación y cumplimiento de las mismas.

Caminar hacia el desarrollo de una sociedad basada en la legalidad y con ello construir un estado de derecho, requiere de instituciones públicas que produzcan las normas con un alto contenido de racionalidad y en busca de reconocer lo que la sociedad necesita, así como en normas que socialmente se construyen con las relaciones sociales y a partir de la necesidad de cuidar los valores propios de cada colectividad.

Para garantizar el cumplimiento de las diversas normas, cada persona debe de generar una serie de elementos culturales que se manifiestan permanentemente en las actividades de cada persona. Es así, que cada acto, cada acción inclusive cada omisión, apegada a esos contenidos normativos, serán parte de la cultura de la legalidad, haciendo posible un orden social y jurídico.

Por todo ello, la cultura de la legalidad es fundamental en toda sociedad, ya que permite crear los límites de lo permitido, mediante reglas establecidas, pero también, mediante conciencias, ideologías y costumbres que hacen posible la validez de las normas, dando sentido a las instituciones políticas, jurídicas y sociales.

La ausencia de una cultura de legalidad en cada una de las personas y en toda la colectividad, solamente producirá la insatisfacción social y sobre todo será un reproductor de la disfuncionalidad institucional.

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