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OPINIÓN // Crímenes de odio

Por: Gerardo A. Herrera Pérez

Las personas lesbianas, gays, bisexuales, trans e intersex (LGBTTTI) han estado controladas o disciplinadas e históricamente sometidos a mecanismos de opresión: invisibilizadas, estigmatizadas, discriminadas, violentadas, perseguidas, viviendo en habitus, o bien recibiendo otros abusos o incluso siendo asesinadas por su orientación sexual, identidad y expresión de género y diversidad corporal; todo ello, vulneran los derechos humanos y libertades protegidos por los instrumentos internacionales e interamericanos (ONU y OEA) y por el marco jurídico nacional.

El Estado mexicano tiene mandato constitucional “Todas las autoridades, en el ámbito de sus competencias, tienen la obligación de promover, respetar, proteger y garantizar los derechos humanos de conformidad con los principios de universalidad, interdependencia, indivisibilidad y progresividad. En consecuencia, el Estado deberá prevenir, investigar, sancionar y reparar las violaciones a los derechos humanos, en los términos que establezca la ley”.

En razón de ello, el Estado tiene la obligación de proteger el derecho de las personas LGBTTTI a la vida y a la seguridad personal; que se cometa un crimen de odio y no se investigue y por ende no se repare el daño, hace cómplice al Estado de la comisión del delito. En este orden de ideas, es importante que el Estado asuma la responsabilidad de adoptar medidas para prevenir los asesinatos motivados por el odio, las agresiones violentas y la tortura; igualmente deberá, tal como lo señala el párrafo tercero del artículo primero constitucional, investigar, sancionar y reparar los daños.

Con relación a los delitos de odio, estos se deberían de atender al igual que todos los delitos (aunque hay mucha dilación en la atención de los homicidios), de manera rápida y diligentemente con el fin de llevar a los responsables ante la justicia, sin que medie en los servidores públicos cuestiones ideológicas o prejuicios que no generen la asertividad requerida y que puedan caer en la figura de ejecuciones extrajudiciales.

Desde los avances y adelantos en materia de igualdad y no discriminación para las mujeres y para la comunidad LGBTTTI, se ha provocado que grupos conservadores permanentemente confronten con discursos de odio dichos avances al no reconocer el libre desarrollo de la personalidad y la no discriminación a los grupos de disidencia sexuales (LGBTTTI).

Dichos grupos conservadores se encuentran a favor del “matrimonio natural” y el patriarcado, así como del androcentrismo y el sexismo, con resultados que han incrementado el odio en la población y por otro lado, los crímenes de odio, tanto para mujeres a través de los feminicidios, como para la población LGBTTTI con los crímenes de odio por homofobia, lesbofobia y transfobia.

Estos grupos conservadores preferentemente se encuentran vinculados a posiciones dogmáticas, y desde ahí, se generan tres discursos que mantienen el odio: el primero, el gay es enemigo de la humanidad, porque de ser todos los hombres gay, se acabaría con la humanidad (no existen investigaciones al respecto, pero aun sí existieran confirmarían situaciones diferentes, los homosexuales, en muchos casos quieren tener hijos, porque pueden tener hijos, y/o porque pueden adoptar, o utilizar medios alternativos científicos debidamente aprobados por la legislación); el segundo prejuicio es que el homosexual está en contra de Dios, porque su comportamiento contradice la creación de Adán y Eva (no hay ningún sustento científico sobre que el origen de la humanidad sea dicho dogma) y; tercer prejuicio es que el homosexual está en contra de la Iglesia porque transgrede el estereotipo de lo normal que la Iglesia ha implantado y que se legitima a través de la norma sexual (parejas de diferentes sexos que se unen en matrimonio, que utilizan el amor como cementante para la producción social) .

Que estos grupos mayoritarios expresen y fomenten que un grupo minoritario es enemigo de las mayorías y que incluso éstos los ponen en riesgo o peligro de extinción, no es otra cosa que un llamado a la violencia en contra de esta minoría transgresora del género, por lo cual debería ser eliminada para que prevalezca la normalidad heterosexual, bajo el argumento de que Dios así lo quiere.

Lo expreso porque hace unos años un asesino en serie de la Ciudad de México al que se le denomino el “Sádico” y que cuando se le capturo expreso: “no soy homosexual, no siento remordimiento y le hago un bien a la sociedad” y se le sentenció a 60 años de prisión; este sujeto social es un ejemplo para mostrar que la interiorización del discurso de odio por homofobia que se promueve por grupos conservadores.

El Sádico considera que matar homosexuales hace un bien porque elimina a los enemigos de dios, de la iglesia y de la humanidad y con las ejecuciones se evita que niños puedan volverse homosexuales. Los grupos conservadores no han comprendido y por ello la postura intolerante y radical ante los avances científicos y normativos en materia de derechos humanos y libertades sobre el ejercicio de la sexualidad.

Es preocupante el silencio y la escasa presión de la sociedad civil, y sobre todo de la opinión pública para que se investigue sobre los crímenes de odio y se esclarezcan los hechos, no hacerlo, perdón, pero estaría justificando de manera inconsciente los asesinatos. Esto aunado a que el estigma, el prejuicio y de paso el repudio hacia el homosexual conlleva la culpabilidad de la víctima y por ende el perdón del criminal, quien por cierto como el Sádico, actual con la impunidad a su favor y seguro de librar a la sociedad de los homosexuales.

Es decir, no basta que el Código Penal contenga el delito calificado de homicidio contra preferencia sexual, no basta que tengamos un Nuevo Sistema de Justicia Penal con estructura operativa, con diseño de política pública, si es que no hemos logrado como sociedad crear y desarrollar conciencia social para la comprensión de los grandes delitos por los que atraviesa la humanidad.

Si es que no logramos utilizar el dialogo como herramienta cotidiana, la tolerancia y el respeto a las diferencias, si es que no estamos ejerciendo los valores, los principios, las virtudes sociales, si es que no mantenemos convivencia, sustentada en la confianza, en la identidad grupal, en la paz social.

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