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OPINIÓN / Desaparición de Delegados Faderales, a debate.

Lecciones desde Michoacán

Por Jorge Luis Hernández

Entre la gran polvareda que López Obrador ha levantado en estos días, hubo un anuncio que motivó menos debate del esperado entre los muchos temas: la desaparición de las Delegaciones Federales, para dar paso a la designación de Coordinadores Estatales que, como funcionarios administrativos, estarían encargados de la operación de los programas federales en cada entidad. (http://www.elfinanciero.com.mx/elecciones-2018/amlo-presenta-32-coordinadores-estatales-para-plan-de-desarrollo-nacional)

Esta idea se inserta en una serie de medidas de austeridad gubernamental que, entre otras cosas, busca disminuir el peso de la burocracia. Como ya es constante, y lo será, simpatizantes de la nueva presidencia argumentaron que la existencia de los Coordinadores se sostenía por sí misma, al asegurar que casos como los de Duarte o Borge, que desviaron y se apoderaron de recursos federales, no volvieran a ocurrir.

Es cierto que las condiciones actuales, gobiernos estatales irresponsables en la recaudación de impuestos y en la comprobación de los gastos de las transferencias federales, presentan el peor de los mundos para los contribuyentes; el número de gobernadores investigados por enriquecimiento ilícito es tal que incluso llevó a académicos y periodistas a retomar el término “virreyes”.  (http://archivo.eluniversal.com.mx/editoriales/53961.html https://www.nexos.com.mx/?p=14511)

El hartazgo que los casos como el de Javier Duarte genera, y con razón, entre la ciudadanía, pueden hacernos caminar por el camino incorrecto. En este nuevo tablero político, se asume, como hecho incuestionable, que la descentralización de las funciones y los presupuestos sólo sirvió para alimentar carteras personales y erosionar la calidad de los bienes públicos. Ante esa crisis, la única alternativa parece ser la recentralización, que hace perfecto clic con la narrativa de esta nueva administración: un presidente honesto, rodeado de figuras de estatura moral similar que, además, están inspiradas por su ejemplo con la capacidad de acabar con la corrupción, su principal propuesta de campaña.

Es decir, ante la incapacidad de los esquemas de transparencia y fiscalización, es decir debilidad institucional, la fórmula es apostarle al liderazgo personal.

Los riesgos son evidentes, primero pensando en el poder que concentrará esta figura al decidir el destino de todos los recursos federales, generar su gestión y vigilar su destino; en segundo lugar, porque, según la lista filtrada (http://www.elfinanciero.com.mx/elecciones-2018/amlo-presenta-32-coordinadores-estatales-para-plan-de-desarrollo-nacional), prácticamente todos son potenciales candidatos de Morena a la gubernatura, y es sencillo imaginar que existirán conflictos en aquellas entidades, veintisiete, que no gobierna el partido en el gobierno.

No hace falta zambullirse en la historia para encontrar ejemplos de cómo los delegados plenipotenciarios fallan generalmente en sus misiones ni para entender que el Federalismo radica en la propia esencia de México como Estado. Michoacán experimentó, hace muy poco tiempo y durante un año, la existencia de una figura con plenos poderes federales: el Comisionado para la Seguridad y el Desarrollo Integral de Michoacán, Alfredo Castillo.

En el momento de su designación, y a lo largo de su estancia en la entidad, muchos insistimos en los riesgos de la figura. Al final, la historia de Castillo en Michoacán terminó de la única manera posible: ni se recuperó la confianza de los michoacanos, ni se favoreció la coordinación entre los agentes gubernamentales, ni significó mayor eficiencia del gasto federal. Por el contrario, el empoderamiento de grupos armados, la desaparición a niveles super cómodos de las autoridades electas y el posicionamiento de personajes ajenos a Michoacán son facturas que, de uno u otro modo, seguimos pagando.

Habrá que esperar los detalles legales de estos Comisionados; lo cierto es que una receta con estos ingredientes ya ha resultado desagradable la democracia y peligrosa para la estabilidad política de un estado. Por lo pronto, conviene que, en esta configuración, el nuevo equipo de gobierno regrese la vista sobre el caso Castillo en Michoacán y blinde a esta figura administrativa de tentaciones políticas como las que el próximo Coordinador de la bancada de Morena en el Senado denunció en algún momento:

“La característica fundamental de estos comisionados es que tienen todas las funciones, facultades y poderes de un gobernador electo en las urnas, pero ninguna de sus responsabilidades constitucionales, por lo que devienen en una figura administrativa paralela y por encima del marco normativo.” (Monreal, 2014 http://www.milenio.com/opinion/ricardo-monreal-avila/columna-ricardo-monreal-avila/michoacan-de-alfredo-castillo ).

Agradezco el espacio a Metapolítica, será un placer ofrecer mis reflexiones cada semana. Leo con interés sus comentarios y sugerencias en jorge.hernandez@colmex.mx y en @HernandezJorge

Jorge Luis Hernández es politólogo por la UNAM y el Colegio de México.

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