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Violencia y Elecciones

Por Humberto Urquiza Martínez

Las elecciones se han convertido en factores determinantes para el funcionamiento de la democracia, por ello, deben de cumplir ciertos parámetros para lograr alcanzar su objetivo, legitimar a quien ejercerá el poder político. Desde la transparencia, la certeza, la participación, hasta la no violencia política, principalmente, en contra de la mujer, son elementos indispensables en el marco de elecciones democráticas.

Por desgracia, el vínculo entre elecciones y violencia no es nuevo. Inclusive en algunas ocasiones se ha pretendido usar como parte la estrategia de las campañas electorales, en busca de evitar la participación ciudadana para generar condiciones de poca participación, que en algunas ocasiones favorece a un determinado candidato o partido político. A la par, y producto de una evolución del sentido de la democracia, en la que, en la visión moderna, pasa por la concreción de la participación de la mujer en la vida política, en principio en la postulación de candidatos, y posteriormente, en el ejercicio del poder, para lo cual, es necesario generar condiciones de participación de la mujer, en la que las instituciones públicas, partidos políticos, sociedad y principalmente el hombre, deben de ser impulsores de nuevas realidades de participación.

Sin embargo, el objetivo de la participación de la mujer en un contexto de violencia política, con expresiones tan extremas como el asesinato, no permite generar las mejores condiciones para el desarrollo de las campañas electorales y de la propia mujer. En ningún momento puede exponerse a las mujeres para salir a competir, pero tampoco podemos pensar que los avances en la construcción de la paridad en la postulación, sea un factor detonante de la violencia, como tampoco se puede pensar que es momento de detener los logros obtenidos, por el contrario, es justo el momento en el cual, todos los actores políticos deben de comprobar su verdadero compromiso de apoyo en favor de la mujer, a partir de impulsar en el ejercicio de sus atribuciones, el cumplimiento de la paridad.

La solución es de fondo y será a lo largo del tiempo, pero debemos de empezar a construirla a partir, primero, de la atención inmediata de los actos violentos, mediante procedimientos cercanos a las mujeres candidatas para generar canales de identificación de problemas para plantear denuncias institucionales y conjuntas con las candidatas, así como un seguimiento en los hechos que se puedan ir presentando; en un segundo plano, pero a la par del primero, es necesario construir nuevos referentes sociales de valores políticos como la empatía del hombre con la mujer y el respaldo de aquél con ésta.

Por ello, la forma en la que se debe de afrontar los problemas de violencia en contra de la mujer es edificando nuevos modelos culturales de participación de la mujer en la vida política, en la reconstrucción de la función del hombre en la sociedad, y de la producción de mecanismos de empatía entre hombre y mujer.

Lograr los dos objetivos requiere de acciones coordinadas entre las instituciones y partidos políticos que permitan generar condiciones de prevención y reacción, pero, sobre todo, es necesario que las mujeres y hombres realmente crean en la necesidad de cambiar la realidad en la que se ha desarrollado la violencia y las elecciones. Hasta ahora varias mujeres y hombres no han estado a la altura de los retos en temas de violencia y elecciones. Esperemos eso cambie.

*El autor es Consejero Electoral en Michoacán

 

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