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Independientes, ¿para que? | Humberto Urquiza Martínez

En los últimos 5 años, la figura del candidato independiente adquirió mayor relevancia y se convirtió en un atractivo electoral, principalmente, para algunos sectores de militantes de partidos políticos que, al no alcanzar las mayorías internas y ver cerradas las puertas para poder ser postulados como candidatos en sus propios institutos políticos, encontraron en los independientes, la alternativa para darle la vuelta a su “problema”, lo que ha permitido, no solamente ser postulados como candidato, sino llegar a ejercer el cargo y materializar el gobierno “independiente”. Los logros, aciertos o desaciertos y promesas incumplidas por esos gobierno, no se vinculan con el origen del candidato o candidatos, la responsabilidad de gobernar es para el funcionario electo, con autonomía de quien lo postuló. Gobiernos de partidos e independientes tendremos buenos y malos.

Sin embargo, en el presente proceso electoral, producto de la dinámica de desgate en los partidos, así como por la necesidad de nuevas alternativas de representación política y como salida de militantes incómodos o alejados de las cúpulas que deciden, la figura de la candidatura independiente logró mayores adeptos. En el caso de los presidenciables, tenemos el intento de varios por lograrlo, y aunque se ve difícil que lo logren, lo cierto es que en el intento cosas interesante lograrán. En lo local, lo mismo sucede, existe un fervor por alcanzar una candidatura sin partido, que en lo municipal, se convierte en una fórmula muy atractiva, ya que alcanzar el 2% del listado nominal, se convierte en un reto ya no tan complejo, que de lograrlo, generar una oportunidad de participar y competir frente a los partidos, con lo que la competencia se eleva.

Ante ese escenario, las preguntas de ¿para qué queremos los candidatos independientes y para qué pueden servir?, encuentran respuesta en la posibilidad real de romper con dinámicas históricas de control político, de formalismos electorales y de gobierno, así como de la distracción en la función pública, que pueden llevar a la corrupción, o por lo menos, a la irresponsabilidad e ineficacia e ineficiencia pública. Todo ello es un gran reclamo social, cambiar las formas de gobernar, reconstruir las valores, las reglas, los principios, el objetivo, el deseo y el intereses por gobernar, alejando la intención del poder para beneficio personal y del interés económico. La oportunidad la tienen los independientes, por generar una nueva forma de representación, que logre cambios de fondo en la clase política, en la forma de hacer política y en el sentido propio de la política, misma que debe retomar el origen social del concepto de lo político, enfocándose en la sociedad, el pueblo o cualquier otra referencia a las personas que habitan el territorio que gobernarán y a quien se debe de satisfacer en sus intereses.

Es así, que gobernar puede tener un nuevo objetivo y si los candidatos independientes logran entender y canalizar esos nuevos deseos sociales, creo que la representación política y la propia dinámica y vida política, cambiarán.

*El Autor es Consejero Electoral del IEM

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