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Desencanto y miedo como resortes del voto

Por Eje Central

La crisis económica de 2008 y la espiral de violencia en 2009 modificaron de manera drástica la geografía electoral del país; está por verse si la escalada de precios y el récord de homicidios registrados en 2017 incidirán este año en las urnas. Los mapas electorales de México se modifican con cierta gradualidad entre cada elección federal. Sin embargo, la transformación ocurrida entre 2006 y 2009 fue radical.

Mientras que en los comicios presidenciales de 2006 el país quedó dividido en dos (los distritos del norte para el PAN y los del sur para el PRD), para las elecciones intermedias de 2009 el PRI resurgió y ganó en dos tercios del territorio nacional, de acuerdo con datos historíeos del Instituto Nacional Electoral (INE).

Esa transfiguración no se advierte si se compara el mapa de las elecciones presidenciales de 2000 con las intermedias de 2003; ni al cotejar la geografía electoral de los comicios presidenciales de 2012 con la de 2015. Eje Central reunió las tasas de homicidios, las tasas de desempleo y los niveles de pobreza extrema que había en los estados en los años de elecciones federales y los comparó con los mapas electorales para determinar si los fenómenos delictivos, económicos y sociales tienen incidencia en el sufragio.

Los dos fenómenos que ocurrieron entre 2006 y 2009 —y que podrían explicar, en parte, el comportamiento del votante-, fueron la crisis económica de 2008 y la espiral de homicidios, que para 2009 ya había roto récord en entidades como Baja California Sur, Sonora, Durango, Sinaloa, San Luis Potosí, Aguascalientes, Morelos, Michoacán, Veracruz y Quintana Roo. Antes de 2017, el mayor pico de asesinatos se alcanzó en 2011, pero desde 2009 se comenzaba a percibir la escalada delictiva.

La crisis económica de 2008 es considerada la peor recesión en México de los últimos 80 años. Contagiado por la desaceleración económica de Estados Unidos (donde colapso de la industria inmobiliaria), México perdió más de un millón de empleos y el crecimiento de la economía llegó a ser de menos 10% en 2009.

En 2006, México acudió a las elecciones presidenciales más cerradas de su historia con una diferencia de medio punto porcentual entre el ganador, el panista Felipe Calderón Hinojosa, y el perredista Andrés Manuel López Obrador.

En esa ocasión, el territorio nacional quedó partido en dos, pues el PAN ganó en 16 entidades y el PRD en las otras 16. El PRI, hundido en una de sus peores crisis internas, con Roberto Madrazo como candidato presidencial, fue relegado como tercera fuerza política.

Con el gobierno de Calderón comenzó el combate frontal a los cárteles de la droga y, con ello, el incremento de los homicidios. Para 2009, año de los comicios intermedios, ya se habían registrado las marchas ciudadanas contra la inseguridad y las protestas por parte de movimientos integrados por familiares de las víctimas, inconformidad que se vio plasmada en las urnas.

Previo a las elecciones presidenciales de este año, México atraviesa por circunstancias similares, pues 2017 ya es el año con más homicidios desde que se miden los ilícitos, y la escalada de precios está catalogada como la peor inflación en la última década.

Los precios al consumidor llegaron a un nivel de 6.77% en 2017, de acuerdo con información del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) presentada el pasado 9 de enero. Esta cifra es la más alta desde el año 2000, que fue de 8.96 por ciento. Esto fue durante el último año del sexenio del expresidente Ernesto Zedillo, cuyo partido perdió las elecciones en 2000 ante el PAN.

En cuestión de marginación, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) reveló en agosto pasado que la última medición de la pobreza arrojó que el porcentaje de población en situación de pobreza extrema en 2016 fue de 7.6, cifra menor a la de 2014 (9.5%), a la de 2012 (9.8%) y a la de 2010 (11.3%).

Respecto a la inseguridad, la tasa de homicidios en 2017 ascendió a 18.7 casos por cada cien mil habitantes, lo que confirma a este año como el más violento del que se tenga registro hasta ahora, incluso por encima de 2011 (el más violento en el sexenio pasado) cuya tasa de enero a noviembre fue de 17.8 casos.

Alternancia y criminalidad La alternancia política no siempre es la solución para acabar con el problema de la criminalidad. Por ejemplo, en Baja California Sur, entidad que cerró el 2017 con una inusitada ola de violencia y homicidios, ha tenido dos cambios de partido en el gobierno. Tras una hegemonía del PRI en el gobierno estatal, el mandato tricolor culminó con las administraciones de los perredistas Leonel Cota Montaño (19992005) y Narciso Agúndez Montaño (20052011), para luego dar paso a los panistas Marcos Covarrubias (2011-2015) y Carlos Mendoza Davis (de 2015 a la fecha).

Los municipios de La Paz y Los Cabos son reflejo de cómo ha empeorado el clima de inseguridad en la entidad al superar los índices de homicidios de 2006 a 2016, al aumentar en 491% y 72% respectivamente, según datos del Inegi. En general a nivel estatal hubo un alza por arriba del 168% en ese periodo de comparación.

Otro ejemplo de lo infructuosas que pueden resultar las alternancias políticas en materia de combate al crimen es Guerrero. Tras la última gubernatura ganada por el PRI, de la mano de René Juárez Cisneros para el periodo 1999-2005, el paso de cuatro mandatarios del PRD no implicó un avance en materia de seguridad, pues a la fecha, tras haber retomado el poder en el estado, el priista Héctor Astudillo Flores, no ha podido subsanar la permanente crisis de inseguridad que azota gran parte del estado. Al comparar la cifra de homicidios en el estado entre 2006 y 2016, el incremento superó el 97 por ciento.

Guerrero es una de las entidades del país con los mayores niveles de pobreza, factor que, pese a reflejar el buen o mal desempeño de un gobierno local, no siempre se proyecta en las urnas.

El combate a la pobreza suele tener efectos electorales muy dispares. Por ejemplo, Durango, la entidad donde más se redujo la pobreza extrema en todo el país (pasó de 11.5% en 2008 a 2.8% en 2016), el PRI siempre ha ganado las elecciones federales.

Sin embargo, Zacatecas, el segundo estado con mayor reducción a la marginación extrema, al pasar de 9.5% en 2008 a 3.5% en 2016, el voto en elecciones fluctúa entre PRD y PRI.

Y lo mismo ocurre en aquellos estados con resultados lamentables en combate a la pobreza. Colima y Nayarit son los dos únicos estados donde la miseria ha crecido entre 2008 y 2016. En el primer caso, el voto ha pasado del PRI al PAN, y en el segundo, los votantes le han sido fieles al tricolor.

Michoacán es otra muestra de que la alternancia no genera soluciones en materia de seguridad, pues fue ahí donde surgieron las llamadas autodefensas, en febrero de 2013.

Tras los gobiernos perredistas de Lazara Cárdenas Batel y Leonel Godoy Rangel, en la entidad gobernaron los priistas Fausto Vallejo Figueroa, quien por cuestiones de salud y en medio de la crisis de seguridad, fue relevado por Jesús Reyna García, detenido por supuestos vínculos con el crimen organizado. En»SPOilS; íun ano del arribo del Silvano Aureoles, nuevamente emanado del PRD, la tasa de homicidios por cada 100 mil habitantes paso de 18.77 a 31.46 entre 2015 y 2016.

Una situación similar ocurre en Veracruz. Después de las cuestionadas administraciones de los priistas Fidel Herrera Beltrán y Javier Duarte de Ochoa, este último detenido y procesado por los delitos de delincuencia organizada y operaciones con recursos de procedencia ilícita, el arribo del panista Miguel Ángel Yunes Linares tampoco ha impactado en resultados favorables en la materia.

Los casos de homicidios entre 2012 y 2016 repuntaron en 28.50%, y las situaciones más críticas en los últimos dos años se han focalizado en los municipios de Boca del Río, Coatzacoalcos, Córdoba, Pánuco, Papantla, Poza Rica de Hidalgo y la capital Veracruz.

Aunque en Colima no ha habido una alternancia a la gestión del PRI, la crisis en materia de homicidios se ha agudizado gradualmente, muestra de ello es que de tener una tasa de 15.70 fue incrementándose anualmente hasta alcanzar índices de 30.68 y 80.60 en 2015 y 2016, respectivamente.

Con casos graves de alza de muertes violentas en Colima, Manzanillo, Ticomán, a nivel estatal el número de casos se disparó de 95 en 2006 a 593 en 2016, según los datos del Inegi. Previo a las elecciones presidenciales, México atraviesa por circunstancias similares a otros tiempos electorales, pues 2017 es el año con más homicidios desde que se miden los ilícitos, y la escalada de precios está catalogada como la peor inflación en la última década.

 

  • 42,583 VÍCTIMAS de homicidio registradas en el país de enero a noviembre de 2017
  • Con un total de 25,259 víctimas de homicidio en los primeros 11 meses de 2017, estos 10 estados concentran el 59% del total de víctimas de ese delito en México
  • En promedio cada mes se registraron 3,871 casos durante el 2017 Fuente: Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Públicav

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