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14 balas, 14 cicatrices | Alexander Katzowicz

 

En Argentina nos cagan a tiros.

No lo digo metafóricamente.

Acaban de meterle 14 balas de goma al fotógrafo Pablo Piovano por hacer su trabajo.

Pablo es uno de los mejores fotógrafos de fotoperiodismo en Argentina, y me atrevería a decir que está a la altura de un Sebastiaô Salgado, aquél a quien Win Wenders rindió tributo con toda una película.

Pero es que no lo digo yo. Lo dice su obra en el Palais de Glace, adonde era imposible no derramar lágrimas ante el testimonio de pueblos enteros de gente enferma, deforme, distorsionada. Gente pegada a las fábricas que produce el maravilloso agro y todos sus químicos… Y esas pieles de niños desgarrados como nunca uno haya visto, esas mujeres dobladas que caminaban jorobadas de una manera muy extraña, muy enferma, muy jodida. Jodida de verdad.

Pabló retrató el Holocausto del Campo argentino y su gente.

No era una señora doblada. No era un niño con la piel escamada. ¡Eran pueblos enteros enfermos, mutando, muriendo!

El Palais de Glace es GIGANTE. Es la cúpula de la fotografía en la Ciudad de Buenos Aires. Generalmente a las grandes expos de foto, uno está acostumbra a entrar y ver snobs de mucha plata que han recorrido NYC, Dubai, África, Thailandia, gente del mundo de la publicidad… o del estilo animalitos. Los animalitos siempre venden. Son lindos. Tienen sus revistas y su gente.

La gente que Piovano retrata no tiene público.

Se escuchaban los pasos de los 3-4 visitantes y apenas el respirar de una docena de guardias privados. Aquello era una muestra cruda, absoluta e irrefutable, de la mutación que produce la moderna industria del agro, la producción de tabaco, la producción de transgénicos, el uso de herbicidas, pesticidas, el uso de fertilizantes químicos…

El campo en todas partes se está convirtiendo en veneno.

En Uruguay hace 6 años vi muchas fotos en notas periodísticas de gente que perdió el 30% de su piel debido a las lluvias polutas. 1 Millón de galones de plástico dejaron tirados en el campo de Uruguay. Aquello lo quise filmar, pero sin recursos, sin cámara, ¿cómo filmarlo? Los recursos escogen a quiénes se los dan. Y en ese escoger va el tema. El tema, condicionado por las subvenciones.

Y Pablo mostró la realidad. En el Palais de Glace. Gritando su obra con todas las fuerzas de cuatrocientos pulmones enfermos: ¡¡EXISTIMOS!! Y ése es nuestro futuro. Eso es lo que nos espera. La contaminación no la frena nadie. Menos aún la tecnología. Ni las billones de ostras que van a poner en NYC para que se coman la contaminación ni nada puede detener el veneno que estamos metiendo en la tierra, y, por ende, en nosotros.

Sólo sucedió que esa gente estaba más cerca que nosotros. Zonas rurales. Pobres. Gente ignorante y prehistórica, olvidada de la mano de la civilización. Algún curita que pasea, los santifica, y les dice que todo va a estar bien, que tengan fe en el Señor. Gente de antaño, creyente. Los pocos sobrevivientes de un pasado glorioso: el pasado de los gauchos. El campo argentino no existe más. Sus habitantes se deforman en él y emigran a las ciudades. Los grandes ganaderos y agros hacen las cosas a escala industrial, y si pequeños pueblos a los márgenes son condenados a la enfermedad, la miseria absoluta, la muerte lenta, ¡que se mueran! ¡Podemos ir a una exposición a ver cómo se mueren! ¡Podemos decir: Pablo, usted es un magnífico fotógrafo! Porque Pablo dice la verdad. Esa verdad jodida que está metida en la nada. Perdida en un mapa abstracto. Un hoyo de contaminación allí adonde se pudo exclamar alguna vez: Qué verde era mi valle.

Los valles ya no son verdes. Están llenos de smogg. Medellín, irrespirable por las calles. Ciudad de México, prohibitivo tomar agua, el cielo siempre gris, cemento y smogg es el caminar, autopistas interminables, accidentes en loop, enfermedades por doquiera, publicidades de medicamentos cada 5 minutos.

La polución es el aliado perfecto de la Industria Farmacéutica.

¿Parece casualidad que permitan que nos envenen, cuando ya muchos sabemos que nos envenenan, y esa misma comida cancerígena se produce en su propia tierra? Es un ciclo maravilloso de consumo tecnobiológico: los engordamos fácil, los enfermamos, vía grasas, vía transgénica, vía aérea o vía acuerífera, por donde sea, y los dopamos. El mundo de las drogas en todas las pastillitas, recetadas por psiquiatras que han ido a la universidad. Eureka! Comida veneno + aire veneno + agua veneno + pastillas curativas. INDUSTRIA GIGANTE.

Los que pagan las publicidades. Los que están junto al poder.

¿Quién puede sacar a Monsanto de la Argentina?

Nadie. Están ahí anclados hace más de 50 años, sede central junto a la cúpula del Ejército, en la Recoleta. ¿Algún problema, pibe?

La gente se muere por esa marca. En muchos países da miedo. Un amigo en España le habló de eso a un tipo, y cuando el tipo vio que mi amigo comenzó a hacer preguntas de los que saben, se puso muy nervioso, y le dijo: no le digas a nadie que me conociste. Ja, se reía mi amigo. Allí en España no pasa. Allí se tragan el transgénico sin problema, que el jamón está muy bueno, el aceite de oliva es una maravilla, y se toma buen vino por monedas. ¿Qué importan esos tomates sin olor, sin jugo, cuales esponjas de criadero? ¡Si al paladar lo atracaban con elementos tan sabrosos, que aquellos vegetales eran sólo decoración! Que vengan del Sur de España, de África o Guatemala. Da igual. La cosa es pagar lo mínimo. Lo venden los pakistaníes, que están súper bien organizados. La última faceta del negocio. Faceta X. Faceta fashion.

En las fotos de Pablo se ve la Faceta 1, el precio, de todos esos tomates, todo ese confort de las ciudades, toda esa “magia” del agro. Faceta 1: muerte lenta de la gente junto a las fábricas. Es más barato que se mueran a recolocarlos. Esto no es EEUU, estos se pueden morir y pudrir sin problema. El gobernador arregla con el gerente local, y chimpum champam, llamen a las gatas venezolanas, colombianas, argentinas, paraguayas… Las más caras, las de primera.

Las cosas como son: los millonarios que manejan una provincia de Argentina y que hacen millones de dólares con las corporaciones billonarias, ¿cómo van a festejar? ¿Yendo a misa? ¡Claro que van a misa! ¿Y? La gente se sigue tragando el cuento del Papa. ¡Cómo lo adoraron en Colombia! Todo giraba alrededor de él. ¡Todo! La inquisición sólo cambió de manto… ¡ahora eran los bastardos de los esclavos y siervos, festejando a sus Amos! ¿¡Cómo podían festejar el por qué de su miseria, el por qué de su ignorancia, el fin casi absoluto de su raza y origen!? La ignorancia es la principal aliada de la religión. Es una demostración tan latente y obvia que un amigo pintor me diría: qué topicazo.

Pero 14 balas de goma disparadas a quemarropa a Pablo Piovano no son un topicazo. Que nos caguen a tiros a los que escribimos, fotografiamos, denunciamos, hacemos lo que podemos creyendo en un mundo mejor -porque revelar la verdad es eso- no es novedad de Argentina, ni de ningún país Latinoamericano, pero no por ello nos vamos a callar.

Pum Pum x 7. 14 Tiros en la piel, carne, nervios, tendones, huesos de un gran fotógrafo.

Sí, a todas las leyendas les disparan.

A muchas meten presas.

A algunas las matan.

¿Quién quiere ser leyenda?

El que sacó la foto a Yabrán fue quemado vivo en un coche.

Ya nadie habla de Cabezas.

O la secretaria de Yoma, que se “suicidó” el día que iba a declarar por el tráfico de armas…

O Víctor Hugo al que fletaron de los canales de televisión… ¡nuestro mejor relator, aquél que cantó las poesías eternas del gol de Maradona! ¡Ese hombre fue genio en vivo! ¡La Mano de Dios es cosecha de Víctor Hugo, ejecutada por Maradona!. Sin aquella frase el gol no sería así de inmortalizado.  La Mano de Dios, en efecto. También es la mano de la cocaína. ¿Quién no lo sabe? Lo sabe el planeta. Para eso lo doparon en Nápoles: para que promueva… A los cracks de ahora los tienen más controlados, más entrenados, todo en privado, megavip, megarich, yates, fiestas en Saint-Tropez y que todos los fioritos del mundo se pudran, que Argentina se pudra, que los pueblos enfermos y mutantes del campo desaparezcan, como desaparecieron los mapuches, como desapareció Santiago Maldonado, como sigue desapareciendo gente… En Argentina nos cagan a tiros por contar la verdad. Porque la verdad en Argentina es ATROZ. La verdad en Argentina es la que relata Pablo, no hay otra, no es una opinión, no es un punto de vista: es la verdad. Ahí está esa gente muy enferma, muy deforme, horrible, no horrible por la estética, sino porque la estética era enferma, agonizante, destructora, industrial. En aquellos ojos de niños, llenos de vida, de amor, de esperanza, carnes podridas que les revestían, deformidades de por vida. Al que no se le hace un nudo en la garganta viendo la obra de Pablo, debería revisar su Alma. El Alma es algo que está vapuleada de tanta televisión, tantas series, tanta mierda de contenido. Dopados de contenido basura: la proliferación quasi infinita por internet, esa máquina de hacer dinero. Bitcoins. Ethereums. Mil mamadas que nadie entiende qué son, pero que cada día valen el triple, y si uno le invertía 13 dls hace 4 años y… Lotería. La lotería llegó a todas las mentes. Embobados todos con esta moneda maravillosa. Criptográfica. Inhackeable. Irrastreable. Ohhhh. ¡Hay que comprar, hay que vender!

¿Y? ¿No fue siempre un invento el dinero? ¿Qué va a pasar cuando se acabe la neutralidad de internet y decidan cobrar peajes fuertes sobre intercambio de criptografía? Pasará que en US habrá una burbuja todopoderosa. Por donde entra el grano. Por donde entran los coches, los chips. La Materia prima. La gente. Los ilegales. Por donde entra el gramo en toneladas… La realidad pareciera que siempre conduce a algo nefasto, conspiratorio, de película mala. Sí, las películas malas ridiculizan la realidad: las bombas, los tiros, los misíles, los súperheroes, los ángeles, los dibujitos, los monstruos, en 3d, en 4d, los narcos, las mujeres de lujo, los hercúleos divinos, todo el arte de la cirujía plástica, los zombies, en realidad virtual… ¡todo conspira para que la gente no mire, no hable, no piense! Que repita frases de la serie, que consuma sus productos, su estilo de vida. Que emule comportamientos puteriles. Comportamientos brutales. Comportamientos asesinos. Que aprenda que cantando y pateando una pelota se podía llegar a la cima, así millones de personas que patean pelotas y que cantan se quedan en la pobreza, en la medianía, o elijan el otro camino, el de la plata, el de la ilegalidad (o los que han estudiado afuera: la Corporación).

En Argentina es legal matar. Es oficialmente legal. Del 76 al 83 se exacerbaron un poco. Pero sólo un poco, claro, las cifras, ¡qué son las cifras! se interpretan a piacere. Ahora mucha gente niega los 30 mil desaparecidos. Se remiten a las cifra oficial de 8. ¡Como si 8 mil muertos fuera poco! Sin contar torturados… emigrados forzados… encarcelados… Bebés expropiados… Pícanas en los testículos… Argentina es un pueblo apaleado- porque es un pueblo que se rebela. Es un pueblo que no ha terminado de morir. Es un pueblo adonde la gente aún lucha. Es un pueblo que tiene gente como Pablo, que se come 14 balas de goma y digamos gracias que no fueron de plomo. No queremos que Pablo sea otro mártir. ¡Que se quede la iglesia con todos sus mártires y les dediquen sus loas! Nosotros queremos a la gente como Pablo, viva. Y si la gente que vale está diciendo algo tan fuerte que merece ser baleada, algo dicen que está jodiendo, algo muestran que se quiere tapar. Se quiso tapar que han declarado oficialmente matar a los viejos empobreciéndolos de golpe. Pablo fue a retratarlos. Bala. Como dicen en Colombia: Bala.

Como hacen en Río de Janeiro frente a las manifestaciones: bala. En Río han matado a mucha gente en los últimos años… Estamos hablando del siglo XXI, señores. ¡Río se alzó en las calles con más de medio millón de personas! La balearon de arriba abajo. Murió un montón de gente. Sólo en youtube podías enterarte de algo, y yo me enteré porque me lo contaron y luego lo vi.

La verdad la esconden. La verdad es dura. La verdad destroza. La verdad se paga cara. 14 Balas de gomas, 14 cicatrices.

 

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