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Campañas electorales con hechos inesperados

Por Javier Pablo Marotte

 

“El tiempo bifurca perpetuamente hacia innumerables futuros”. Todos los desenlaces se producen: cada uno es el punto de partida de otras bifurcaciones”.

Jorge Luis Borges

 

I.- INTRODUCCIÓN: NECESARIA PRECISION DE CONCEPTOS

Por campaña definimos el “conjunto de actos o esfuerzos de índole diversa que se aplican a conseguir un fin determinado” (DRAE, 2001:416). Mientras, que por campaña electoral[1] entendemos al intento de un grupo de candidatos para informar, persuadir y movilizar (García Beaudoux, 2005:20; Trent y Friedenberg, 2000) a un gran número de individuos para que voten por ellos llevándolo a cabo a través de un proceso de comunicación política en el marco de una contienda eleccionaria, mediante el cual los postulantes buscan enviar mensajes a sus electores y recibir de estos su aceptación a través del voto.[2]

Cabe considerar además, que las campañas pueden ser entendidas como foros de deliberación pública e instituciones discursivas (Simon, 2002); debiendo estar animadas por la verdad, favorecer la discusión pública de los problemas nacionales y evitar los procedimientos innobles (CEA, 2006:397). Para los partidos políticos las campañas implican presentar a la ciudadanía, en un escaso y breve periodo, un programa de gobierno y candidatos con un conjunto de ofertas, que se conjetura guardan relación con las demandas de la población.

 

La campaña electoral se materializa en un plan previsto, sea este implícito o explícito, para lograr objetivos previamente determinados y para cuya consecución se acude a la movilización y auxilio de todos los recursos estratégicos, tácticos y logísticos propios de esta actividad (Lazarsfeld, 1944; De Luca, 2006:210-211). Una campaña electoral tiene tres componentes: psicológico, comunicativo y estratégico[3], que en la actualidad se expresan en el marketing electoral,[4] convirtiéndose en una herramienta indispensable para poder ordenarla, planificarla y conducirla con éxito.

 

Las campañas electorales pueden clasificarse en función de los elementos que las integran:

  1. a) Por el tipo de objetivos: Toda campaña persigue determinados objetivos, aunque no siempre significa ganar una elección, a veces sólo procura mejorar la posición de los candidatos o conservar dicha situación y, aún evitar la disminución de sus ventajas frente a los demás actores políticos.
  2. b) Por la forma de comunicación: De acuerdo al modo que adopta el mensaje o imagen que se quiere comunicar, puede tratarse de una campaña abierta o encubierta, en ocasiones adoptará la apariencia de mensaje informativo, como relaciones públicas o de tipo comercial. [5]
  3. c) Por los medios que se emplean: Estos pueden venir determinados no solo por el tipo de objetivo que se busca sino por la disponibilidad presupuestaria, obligando a ciertos planteamientos específicos tanto en el contenido y la disposición de los elementos del mensaje como en el número de medios a emplearse.

Asimismo, una campaña electoral no es independiente de factores económicos, sociales, políticos, geográficos y partidarios que influyen en su organización y ejecución. Además, resulta compleja, ya que siempre tiene un componente emocional, que merced a la gran cobertura mediática y la profesionalización de la comunicación política cada vez adquiere mayor importancia (Mackelmann, 2006:13); llegándose a sostener que la política no existe, al menos como actividad que requiere del consenso social, si no es con el concurso de los medios de comunicación (Trejo Delarbre, 2000:16).

Finalmente, por hechos inesperados entendemos a episodios que configuran una crisis de la comunicación electoral caracterizada por una súbita y aguda descompensación de la misma; que genera confusión, desorientación y contradicciones. Por lo general, es acompañada con un fuerte marco emocional tanto en el gobierno como en la oposición, en los periodistas[6], las organizaciones sociales y políticas e inclusive en la propia población. A los fines del presente estudio hemos resuelto descartar como hechos inesperados a: la mala imagen previa del candidato, incluyendo problemas éticos y legales; la aparición de rumores, porque si el rumor es verdadero sólo hay que determinar si es una verdad oculta u ocultada (Elizalde, 2004:153); una situación de crisis generalizada en el Estado, en el cual aspira el candidato a desempeñar un cargo electivo; la valoración negativa de la gestión del poder ejecutivo del mismo signo político del candidato que pretende mantener el oficialismo existente.

 

II.- CASUISTICA

1.- GARY HART: SEXO, MENTIRAS Y DECEPCION

A comienzos de la década del ochenta del siglo XX, Gary Hart era senador demócrata por el Estado de Colorado (electo en 1975 y reelegido en 1981). Su destino político parecía conducirlo inexorablemente a la Presidencia de EUA. Poseedor de un gran carisma, sus partidarios lo comparaban con John F. Kennedy y tenía a sus 50 años una carrera política rutilante. En 1972, había dirigido la campaña presidencial del binomio George McGovern – Sargent Shriver[7], quienes fueron derrotados por el reelecto Richard M. Nixon a quien acompañaba como vicepresidente Spiro Agnew (Dionne, 1987a:18).

Pero tan deslumbrante como su trayectoria política, fue para la ciudadanía norteamericana su fama de mujeriego: las aventuras amorosas que se le atribuían provocaron el parcial colapso de su matrimonio. Sin embargo, supo manejar las comprometedoras situaciones y evitó, en dos encrucijadas, el divorcio de su esposa (Toner, 1987:A16). No tuvo la misma suerte el 1 de mayo de 1987, la prensa lo sorprendió en su residencia de Washington con una amante y cuando todos lo daban como favorito de su partido, un periódico publicó la foto de Hart con la modelo Donna Rice sentada en sus piernas. El sueño de alcanzar la Casa Blanca se desbarató, ya no se presentó como candidato a la presidencia, ni al Senado y terminó escribiendo libros sobre seguridad pública y ejerciendo como profesor de la Universidad de Colorado.

Los fotógrafos del periódico The Miami Herald captaron la imagen de Rice abandonando la mansión de Hart y, de inmediato, la opinión pública conoció de la aventura amorosa. Pero, Hart negó la relación y desafió a los periodistas a encontrar pruebas de sus aventuras. No obstante, su suerte estaba echada, ya que “el ritmo de mudanza de las representaciones de la opinión pública resulta vertiginosa” (Sampedro, 2000:11). Ante el reto del senador a los medios, éstos publicaron fotos muy sugerentes, donde Hart aparecía inequívocamente abrazado con una bonita rubia.

La prensa vapuleó al senador durante una semana, al cabo de la cual renunció a la precandidatura presidencial alegando una “persecución calumniosa” (Dionne, 1987b:SM28), a pesar de haber obtenido una resonante victoria en las primarias de New Hampshire. Para explicar la premura con que puso a fin a su carrera política, se especuló entonces que el golpe (filtrado a la prensa por agencias de espionaje al servicio del Partido Republicano) tenía dos caras, una perceptible y otra intangible. La primera, eran las inocentes fotos donde Hart aparecía vestido en ropa sport y la modelo Rice con un ingenuo vestido. Sin embargo, existirían imágenes más impactantes que nunca salieron a la luz, donde el senador y su compañera no aparecían tan ingenuos, ni tan vestidos. Esta fue la estocada oculta, el arma persuasiva que se emplazó solamente como amago para jamás utilizarse, una vez logrado el objetivo de que el contrincante optase por la retirada. El mensaje implícito de la publicación era “Te retiras, o divulgamos las otras fotografías” (Dionne, 1987c:A16).

El Partido Demócrata eligió, como fórmula presidencial a Michael Dukakis-Lloyd Bentsen, a la sazón gobernador de Massachussets el primero y senador por Texas, el segundo. Las elecciones de 1988 las ganaron los republicanos con el binomio George H. W. Bush-Danforth “Dan” Quayle, vicepresidente de Ronald Reagan y senador por Indiana, respectivamente.

 

2.-BALLOTAGE FRANCES DE MAYO DE 2002: EL TERREMOTO LE PEN.

Un suceso inesperado se produjo en la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas en 2002: el pase al ballotage del líder de la extrema derecha Jean-Marie Le Pen (Frente Nacional-FN) junto al presidente en ejercicio, Jacques Chirac (cabeza de la derecha). Ello modificó las relaciones interpartidarias y provocó la unión de casi todo el espectro político para apoyar a Chirac frente a Le Pen en la segunda vuelta del 5 de mayo. La prensa calificó al hecho de “terremoto”, “verdadero cataclismo”, “la mayor crisis política desde la posguerra” y “una amenaza para la democracia francesa”. El “seísmo”, tuvo tal magnitud que provocó la renuncia al cargo y el retiro de la vida política del primer ministro Lionel Jospin, del Partido Socialista Francés (PSF).

La campaña para el ballotage se caracterizó por la utilización de la palabra “NON” (no) en alusión a Le Pen y por toda Francia se repitieron manifestaciones multipartidarias para señalar el rechazo visceral al candidato del FN, quien era sindicado como xenófobo, negacionista, racista y antieuropeo. A la par se promovió un consenso espontáneo de la clase política favorable a la formación de un “frente republicano”, destinado a votar por Chirac para impedir la victoria extremista. “Alto al fascismo”, coreaban los militantes socialistas y comunistas reunidos ante las sedes de sus respectivos partidos. Varios dirigentes socialistas, de centroizquierda, ecologistas y de extrema izquierda -como Fabius, Mamère, Besancenot y Chevènement- instaron a votar por Chirac; aunque para muchos votantes la disyuntiva implicaba elegir, diferencias ideológicas mediante, entre un corrupto o un racista.

La batalla del vocabulario es en los partidos de extrema derecha europea el elemento esencial estratégico para la conquista del poder. Conscientes de la potencialidad del manejo de las palabras buscan el control del medio a través de la manipulación semiótica, dotándola de carácter programático. Difunden entre los militantes palabras que deben o no ser utilizadas, afirmando que: “ninguna palabra es inocente…son armas, porque tras cada palabra se esconde un plan ideológico y político” (Moati y Raspiengeas, 1991:152).

La ultraderecha recurre a un proceso de carga del lenguaje, repetición de clichés y fórmulas manipuladoras, peyorativas, que en definitiva establecen una dicotomía de carácter racial entre “civilización” o “barbarie” y entre capacidades y rendimientos comparativos de “blancos” y “negros”.

Como consecuencia de la batalla del vocabulario germina la llamada “lepenización de los espíritus” (Tevanian y Tissot, 2002; Mongin, 2002) de amplios sectores de la sociedad e incluso de partidos opuestos a la derecha radical. Un buen número de las propuestas de ésta están siendo aplicadas por los gobiernos europeos o están en trámite de serlo: limitación del derecho de asilo; expulsión efectiva de inmigrantes clandestinos; cambios en el derecho de filiación; evitar uniones de conveniencia; privación de nacionalidad a terroristas nacionalizados por un periodo de quince años; utilización de la policía administrativa para acosar a las asociaciones islámicas radicales, restaurar controles fronterizos, etc.

La reacción de 2002 que culminó con la derrota sin atenuantes de Le Pen, no fue óbice para que en las elecciones presidenciales de 2007 compitieran, por la derecha el Ministro del Interior Nicolás Sarkozy, artífice del endurecimiento de las políticas antiinmigrantes y autor de la ley de repatriaciones forzosas, y la candidata del PSF Ségolène Royal, quien también expresó intenciones parecidas -aunque suavizadas- al respecto[8]. Hoy, la hija de Le Pen, Marine que lo ha sucedido como líder del Frente Nacional se halla primera en intención de voto para los comicios presidenciales de 2017.

 

3.- BOMBAS EN MADRID EL 11-M: POR EL MAR CORREN LAS LIEBRES

Los atentados del 11 de marzo de 2004, también conocidos como 11-M, fueron una serie de ataques terroristas cometidos en cuatro trenes de la red de cercanías de Madrid. La investigación judicial estableció como indicio racional que la autoría pertenece a una célula islamista local que intentaba emular acciones de Al-Qaeda. A tres días de la jornada electoral[9] en que se jugaba la permanencia en el Gobierno, el Partido Popular (PP) necesitaba desesperadamente que ETA fuese la ejecutora de los atentados. La alternativa era inoportuna y preocupante; excesivamente peligrosa para los intereses que representa y defiende.

De haber sido ETA el PP renovaría su mayoría, acumulando fuerzas refractarias a la violencia interna provocada por los separatistas; pero, si los responsables resultaban los integristas islámicos, quedaba en evidencia su grave irresponsabilidad en la agresión a Irak y era el PSOE el que se beneficiaba, hasta el punto de producirse la alternancia. Por eso, procuraron insistir hasta el domingo con la falsedad de autoría[10].

Se admite casi unánimemente que el resultado electoral se vio influenciado por los atentados, habiendo posiciones al respecto: Una de ellas afirma que los atentados dieron un vuelco a las elecciones. Un gran número de votantes cambiaron finalmente su voto a favor del PSOE, a causa de su irritación y el descontento que les producía la supuesta manipulación informativa del gobierno y su política exterior (Sanchís Armelles, 2005:102).

El hecho de que los atentados se produjeran en respuesta al apoyo español a la invasión de Irak, contra la cual se había manifestado masivamente el pueblo ibérico, sirvió como fermento para aglutinar el descontento acumulado desde entonces. Aunque para el PP los actos terroristas estaban planeados desde antes de la invasión. Otra hipótesis es que los atentados únicamente mejoraron los resultados de los socialistas, pero no dieron el vuelco, porque el PSOE hubiera ganado de todos modos o, por lo menos, el PP no hubiera conseguido la mayoría absoluta que necesitaba para gobernar habida cuenta de la situación de desencuentro que mantenía con el resto de fuerzas políticas (CIS, 2004; Conficrítico, 15/3/2004).

En lo que coinciden todos los análisis es que los atentados actuaron como revulsivo entre muchos de los indecisos y entre ciudadanos tradicionalmente abstencionistas, aunque más cercanos a la izquierda, que ese día acudieron a las urnas masivamente y condicionados, incrementando la participación por encima de toda previsión, provocando la victoria clara del PSOE. La veracidad de una u otra hipótesis resulta imposible de probar dado que no existe manera de saber cuales hubiesen sido exactamente los resultados, de no haberse producido los atentados.

Cierto es que en los últimos sondeos previos conferían una victoria ajustada para el PP, con pérdida de mayoría parlamentaria absoluta pero, asimismo, arrojaban otra duda ya que se apreciaba un cierto crecimiento en el voto al PSOE. Tampoco es viable discernir en que medida se disparó esa tendencia a partir del jueves, ya que la última semana antes de las elecciones está prohibida por ley la realización de sondeos.

Desde el momento mismo en que los artefactos explosivos estallaban, la campaña electoral que estaba concluyendo sufrió una serie de alteraciones insospechadas: la veda electoral se tornó abstracta, el gobierno de Aznar cometió importantes errores comunicacionales -atribuyendo el atentado a la banda terrorista ETA-, el candidato del partido de gobierno -Rajoy- intentó infructuosamente salvar su imagen en la crisis[11] y la oposición socialista aprovechó la situación y embistió contra el oficialismo, acusando al gobierno de manipular y ocultar la información[12].

El PP y el PSOE discutieron en radio y televisión la autoría de la masacre. Once millones de españoles salieron a las calles espontáneamente el día 12, a fin de condenar el atentado más sangriento en la historia del país. Los medios de comunicación -como puede observarse en el anexo documental- se dedicaron lógica y exclusivamente por tres días a cubrir la noticia, desplazando del centro de atención la cuestión eleccionaria. La ciudadanía concurrió en masa a votar, marcada por el impacto de la masacre y leyendo en las tapas de los diarios, por ejemplo: “Al Qaeda revindica el 11-M en un video encontrado en Madrid” (El País, 14/3/2004).

Las elecciones celebradas el 14 se caracterizaron por la mayor participación en número de votantes (25 millones) y la polarización del voto, acumulando los dos grandes partidos, PSOE y PP el 82% de todos los votos emitidos. Como el 11-M la campaña electoral ya estaba cerrada, las manifestaciones que se dieron en toda la geografía española, las quejas de la oposición pidiendo al gobierno que dijera la verdad, Rajoy exigiendo que cesen las protestas y los medios de prensa abocados exclusivamente al tema, desvanecieron el manejo de la agenda de temas que se habían debatido públicamente. Sin dudas en este caso “las imágenes desplazan a las ideas” (Trejo Delarbre 2000:15) y adoptan el “rol de discurso” (Rojas Mix, 2006:89). Todas las estrategias y proposiciones de la campaña se trastocaron frente al dolor, la mentira y la muerte.[13]

 

4.- BUSH VS. KERRY: NUEVO ESTRATEGA Y LA SORPRESA DE OCTUBRE

En las elecciones de 2000, los EUA se encontraban divididos en un virtual empate entre Al Gore y George W. Bush. Pero la división de la elección presidencial de 2004, fue distinta a la anterior, por dos razones: primero, la intensidad de las posiciones se ahondó y los partidarios o detractores de Bush se caracterizan por su vehemencia o iracundia; segundo, los EUA se encuentran en guerra. Cuando un país está en guerra, la amplia mayoría de él se une tras de su líder; y los EUA no son una excepción[14]. Tal era la situación en 2004 cuando los dirigentes demócratas no efectuaban ninguna oposición o cuestionamiento a las acciones de Bush luego de los atentados del 11-S.

El candidato demócrata John Kerry, comenzó su campaña con la línea bosquejada por el gobernador de Vermont Howard Dean[15], de atacar a Bush por la guerra de Irak y por el mal manejo de la economía. Con esta estrategia llegó a superarlo en intención de voto. Sin embargo, estando bien posicionado en las encuestas y con una línea agresiva de ataque a Bush, Kerry pierde a su estratega de campaña (Jim Margolis, senior partner de GMMB) que había diseñado su triunfo en las primarias y se queda con el poco prestigiado Bob Schrum.

Margolis consideraba que la campaña sería sumamente negativa y que Bush iba a abordarla atacando fuertemente a Kerry y por lo tanto éste debería seguir la línea de de ataque a Bush por la guerra de Irak y por el abandono por parte del presidente de los intereses de la clase media norteamericana. Schrum, al contrario, consideraba que se debía iniciar una línea estratégica, comenzando con la Convención de Boston. Schrum ganó la discusión y Kerry llevó a la Convención con un mensaje “light” y evitó todo ataque a Bush por parte de cualquier orador de la Convención. Kerry perdió así una gran oportunidad y un tiempo valioso.

Cuando terminó la Convención, prácticamente no había subido en las encuestas (cuando la tradición en EUA demuestra lo contrario). Más tarde se desarrolló la Convención del Partido Republicano en Nueva York[16] y en ella se atacó despiadadamente a Kerry en “prime time”. Como resultado de esto, Bush revirtió la ventaja de Kerry y lo superó en diez puntos en las encuestas. Por ese entonces, Bill Clinton que sufrió un ataque cardíaco, urgió a Kerry a que cambiara a su “estratega” Schrum, a su equipo de campaña y a que recuperara la línea táctica original de ataque a Bush. Kerry hizo caso y su campaña comenzó nuevamente a mejorar.

Luego vinieron los debates y a pesar de que generalmente no alteran las intenciones de voto sino que simplemente refuerzan las posiciones originales de los votantes, en este caso no sucedió así y Kerry avanzó en las encuestas. Esto aconteció así, porque luego de dos meses de campaña negativa por parte de Bush contra Kerry, el público norteamericano pudo ver directamente a éste y se dio cuenta de que no era el extremista que los spots mordaces pretendían proyectar en el electorado. La campaña demócrata cobró nuevo impulso y hasta el día de las elecciones ambos candidatos se mantuvieron en un virtual empate en las encuestas.

Pero, mas tarde se dio la llamada “sorpresa de octubre”, la cual emergió con el video de Osama Bin Laden y eso revivió en muchos el temor al terrorismo. Con el trabajo de Dean y Kerry, la guerra de Irak ya no era un activo para la campaña de Bush, pero sí lo seguía siendo la percepción de que éste podría proteger mejor a los norteamericanos de eventuales ataques terroristas. El video dio argumentos a ambos sectores: a los republicanos en la necesidad de continuar en la lucha antiterrorista y a recordarles a los electores que los EUA estaban en guerra; y a los demócratas en el hecho de que Bush no había capturado a Bin Laden y que había iniciado una guerra que no tenia relación directa con el 11-S.

La presencia del líder de Al-Qaeda en la campaña dio argumentos a ambos adversarios, pero en una campaña que estaba virtualmente empatada y reñida, una pequeña diferencia de dos o cuatro puntos era muy difícil de superar con menos de una semana de tiempo. Este estrecho margen de ventaja de Bush no pudo ser revertido, ni siquiera por la cantidad de nuevos votantes (los que habitualmente tienden a ir al contendor).

Bin Laden reapareció a cuatro días de las elecciones norteamericanas, con un mensaje transmitido por la cadena Al-Jazeera, en el cual amenazaba al pueblo norteamericano con un mensaje explícito y señalaba: “Pueblo estadounidense: vuestra seguridad no está en vuestras manos…depende de la política adoptada por vuestra administración…siguen existiendo razones para repetir lo que ya ocurrió” el 11 de septiembre de 2001.

Por los ataques responsabilizó al presidente de EUA debido a su alianza con Israel contra el pueblo palestino, una postura que desencadenó “la decisión de atacar las dos torres…La seguridad del pueblo de Estados Unidos no está en manos ni de Kerry ni de Bush”, indicó.  Tanto el presidente Bush, como Kerry indicaron que la grabación no afectaría a la campaña presidencial. El primero de ellos dijo: “No nos vamos a dejar intimidar ni influir por el enemigo de EUA… Estamos en guerra contra ellos y estoy seguro de que vamos a ganar.” (http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/international/newsid_3966000 /3966877.stm/http://www.cnn.com/2004/WORLD/meast/10/29/binladen.tape/index. html)

El resultado final de una campaña tan pugnada, no se explica por grandes diferencias en el electorado, las cuales estaban claras: los votantes de Bush eran principalmente su base conservadora (motivada y movilizada), los religiosos y políticos, y los que tenían miedo por el terrorismo y que por lo tanto veían en el republicano a un líder fuerte y determinado; por su parte los votantes de  Kerry querían “un nuevo comienzo”, para que con la credibilidad perdida por Bush, se pudiera formar una coalición de naciones para derrotar al terrorismo. Pero sobre todo, la base de votantes de Kerry era la clase media/urbana castigada por una economía en recesión.

El corolario electoral se advierte por pequeñas diferencias como: que Kerry perdiera dos meses de campaña, tuviese una Convención insulsa que no le aportó nuevos votantes y, que además no se defendiera del ataque de Bush sobre su rol en la Guerra de Vietnam. Kerry, con cambio de estrategas de campaña en medio de la misma, se refirió irónicamente en un debate a la hija del vicepresidente Cheney, por ser lesbiana y el hecho más desnivelador fue la sorprendente presencia mediática de Osama Bin Laden.

 

5.- FALLECIMIENTO DEL CANDIDATO PRESIDENCIAL HERTY LEWITES

El candidato disidente sandinista a la presidencia de Nicaragua, Herty Lewites, murió a los sesenta y seis años, víctima de un infarto, el 2 de julio de 2006 a menos de cuatro meses de las elecciones generales. El ex alcalde de Managua (2000-2004) era el aspirante a la presidencia de la alianza Movimiento Renovador Sandinista (MRS) y se encontraba en el segundo o tercer lugar de preferencia de voto, según las encuestas. En 1996, Lewites participó en las elecciones municipales como pretendiente a la alcaldía de Managua, por el Movimiento Sol, pero no ganó. Sin embargo, en 2000 optó al mismo cargo por el FSLN, y logró el triunfo en las urnas.

En marzo de 2005, el FSLN lo expulsó de sus filas por desafiar la candidatura presidencial de Daniel Ortega Saavedra y fundó el Movimiento por el Rescate del Sandinismo junto a viejos militantes sandinistas y tres miembros de la dirección histórica del FSLN: Henry Ruiz, Luis Carrión y Víctor Tirado. Ese movimiento se sumó al Movimiento Renovador Sandinista (MRS), fundado en 1995 por el ex vicepresidente y escritor Sergio Ramírez Mercado, que lo postuló a la presidencia de la República para los comicios del año 2006.

Muchos nicaragüenses se vieron consternados por la muerte del pragmático Herty Lewites, a quien en vida se le reconocían muchos valores e irradiaba optimismo. Se destacaba su labor histórica durante la lucha contra la tiranía somocista y su rechazo a la ortodoxia sandinista, que lo desterró de sus filas por demandar elecciones internas para elegir al candidato a la presidencia por el FSLN y por querer hacer una nueva izquierda. Había centrado su campaña presidencial en la promesa de terminar con el sistema hiperpresidencialista. Él fue considerado una amenaza al poder por parte de la vieja guardia y quienes manejan el poder de dos grandes fuerzas políticas para el país, los ex presidentes Daniel Ortega y el líder del Partido Liberal, Arnoldo Alemán Lacayo.

Lewites se llevó con su muerte la esperanza de miles de nicaragüenses que confiaban y le daban su voto a una nuevo movimiento de “izquierda democrática responsable, no confrontativa, seria y moderna”, un partido que partiendo con modestas mediciones, ya amenazaba con triunfar en las elecciones. Su velatorio se vio abarrotado por centenares de compatriotas que le dieron el último adiós, y que con él sepultaron sus ilusiones. Lewites fue reemplazado por Edmundo “Mundo” Jarquín, -yerno de la ex presidente Violeta Barrios de Chamorro-, quien si bien era poseedor de una buena imagen en la ciudadanía y en el mundo empresarial no pudo capitalizar el impulso del líder fallecido y el MRS comenzó a descender velozmente en las encuestas, hasta finalizar en cuarto lugar con un magro 6,29 %.

La campaña presidencial encabezada por Jarquín llevó el nombre de “Alianza Herty 2006” y utilizó eslóganes tales como: “Vota por el feo que quiere una Nicaragua linda”; “Haremos realidad el sueño de Herty”; “El espíritu del güegüense ronda la elección presidencial”; “Quiero la Nicaragua que soñaba Herty”; “Herty no escogió a Mundo por bonito”. (http://www.alianzaherty  2006.com). Es decir, fue una permanente remisión al candidato muerto, cuya imagen presidió la campaña y se destacaba la fealdad de Jarquín como un elemento positivo (http://www.prensalatina.com.mx/Media/Dossier%20Nicara gua/Edmundo.ht ml).

 

6.- CUANDO LA CORRUPCION IRRUMPE EN PLENA CAMPAÑA ELECTORAL

El electorado chileno se sorprendió a fines de abril de 2013 con la renuncia del precandidato derechista Laurence Nelson Golborne Riveros, quien encabezó el exitoso rescate de los 33 mineros sepultados en 2010 en el desierto de Atacama. La deserción del ex ministro del presidente Sebastián Piñera, se produjo luego de que un diario revelara que poseía cuentas bancarias en un paraíso fiscal.

La carrera política de Golborne naufragó luego de que la Justicia condenara a Cencosud por aumentar unilateralmente las comisiones de sus tarjetas de crédito en 2006, cuando Golborne era gerente general de ese holding comercial. La tormenta política se acrecentó cuando se supo que, durante su etapa como ministro, no incluyó en su declaración de patrimonio una sociedad que posee en las Islas Vírgenes Británicas, que son un paraíso fiscal.

La decisión de Golborne mereció diferentes consideraciones, pero en general los partidarios de la UDI responsabilizaron a sus socios de Renovación Nacional por la determinación de Golborne de bajar su opción. “Fue la deslealtad de nuestros socios, jamás nos hubiésemos esperado una cosa así” expresó el senador Jovino Novoa. La militancia coincidió en que: Los políticos honrados se quitan del medio cuando cae sobre ellos la sospecha, aunque por cierto que los candidatos deben responder por lo que hicieron o dejaron de hacer en su pasado.

La campaña de la Alianza Chile para las elecciones de 2013 fue caótica, porque Golborne el dimitente se había postulado con la lista de la UDI en las elecciones internas frente a Andrés Allamand de Renovación Nacional. Pero, como renunció UDI  designó a otro presidenciable, el ministro de Economía Pablo Longueira, el cual finalmente derrotó a Allamand en las primarias del 30 de junio. Sin embargo, Longueira también declinó a su candidatura el 17 de julio del mismo año.

Una semana después la UDI nominó a la ministra del Trabajo, Evelyn Matthei, como su abanderada presidencial. La candidata recibió el apoyo de RN y se convirtió en la representante de la Alianza para la elección presidencial. Así y todo, Matthei pasó a segunda vuelta, donde fue derrotada por la ex presidenta Michelle Bachelet, de la Nueva Mayoría.

 

7.- EL ASESINATO DEL CANDIDATO: BENAZIR BHUTTO[17]

El asesinato de Benazir Bhutto, antigua Primera Ministra de Pakistán (1988-90, 1993-96) y, en el momento de su muerte, líder del opositor Partido Popular de Pakistán (PPP), ocurrió el 27 de diciembre de 2007. Después de haber pronunciado un discurso en el parque Liaquat National Bagh de Rawalpindi, al sur de Islamabad, Bhutto recibió disparos en el cuello y en el pecho por parte de un suicida que ulteriormente detonó una bomba, ocasionando la muerte de al menos otras 38 personas y 43 heridos.

Bhutto se encontraba en campaña de cara a las elecciones de enero de 2008. Dos meses antes, poco después de su retorno del exilio de 8 años en Dubai y Londres, sobrevivió a un atentado análogo que terminó con la vida de al menos 136 personas, dejando más de 400 heridas. Según el gobierno del por entonces presidente Pervez Musharraf, Bhutto habría sido víctima de la red Al Qaeda “según todas las probabilidades” y que estaba entre los “objetivos” de ésta.

Sin embargo, el líder tribal de Al Qaeda en Pakistán, Baitullah Mehsud, negó cualquier vinculación con el asesinato de Bhutto y el PPP acusó al general Musharraf del magnicidio de Bhutto; mientras que el otro líder de la oposición, Nawaz Sharif, exigió la renuncia de Musharraf, argumentando que así el gobierno “conducirá al país a la destrucción”.

Decenas de miles de personas atendieron al funeral, y Bhutto, quien tenía 54 años al morir, fue enterrada junto a su padre, Zulfikar Ali Bhutto. El ataúd con los restos de Bhutto estaba envuelto en la bandera de su partido político, el Partido del Pueblo de Pakistán (PPP), y fue trasladado en un coche funerario blanco entre la densa multitud.

Muchos partidarios del PPP acompañaron cortejo fúnebre, llorando y golpeando sus pechos en muestra de dolor. El coche además fue acompañado por el esposo e hijos de la líder política.

La ex primera ministra pakistaní se manifestaba muy descontenta ante la política dictatorial de Musharraf, y esperaba ganar las elecciones para establecer una democracia en Pakistán. Pudo volver gracias a la mediación de Estados Unidos y Gran Bretaña con el presidente pakistaní, liderazgo que se puso en entredicho por la llegada de Bhutto; precisamente esta asociación con los países mencionados pusieron en guardia a los grupos ultraislámicos como Al-Qaeda.

Las elecciones parlamentarias se llevaron a cabo el 18 de febrero y según lo prometido por Musharraf se consideraron las, hasta entonces, más transparentes y justas de la convulsa historia de Pakistán. Los comicios dieron la victoria por mayoría simple al Partido Popular de Pakistán por lo que el Presidente Musharraf reconoció la derrota de su fuerza política y se comprometió a trabajar con el nuevo Parlamento.

Bilawal Bhutto, hijo de la extinta Benazir fue elegido líder partidario desde su asesinato, cuando él contaba con sólo 19 años de edad; mientras que su viudo, Asif Ali Zardari fue presidente constitucional de Pakistán entre los años 2008 a 2013.

 

III.- CONCLUSIONES

Las campañas electorales son procesos estratégicos en los que se ponen en marcha un conjunto de recursos organizativos, que involucran la planificación y ejecución de diversas actividades, con la expresa finalidad de ganar votos. Para lo cual la campaña busca: comunicar programas e ideas, movilizar simpatizantes, influir, politizar e instalar debates constructivos, captar preferencias políticas de la ciudadanía y reforzar los principios de igualdad y libertad en la participación democrática de los ciudadanos en cuanto candidatos y electores. (Pérez Corti, 2006:22) Están, por lo general, escrupulosamente planificadas, pero la irrupción de hechos inesperados pueden alterar sustancialmente su rumbo original.

Hemos analizados, el affaire Donna Rice que determinó el retiro de la carrera presidencial norteamericana del por entonces favorito el senador demócrata por Colorado, Gary Hart. La divulgación de las relaciones extramatrimoniales del candidato, originadas en un escenario privado, estaban producidas en realidad en una “zona observada” (Elizalde, 2004:61); donde los límites entre lo público y lo privado se han desdibujado (Vásquez Colmenares, 2005:140). En este caso se produjo un final abrupto de la campaña electoral por revelación de circunstancias de la vida privada del candidato, quien hasta la publicación de las fotos adoptó una posición soberbia y mendaz.

 

En 2002, el candidato de la extrema derecha francesa Jean-Marie Le Pen logró pasar al ballotage frente al presidente en ejercicio Jacques Chirac (líder de la derecha), lo cual provocó una hecatombe en las opciones electorales. Los antagonistas de Chirac en la primera vuelta -salvo Arlette Laguilier del trostkismo-, terminaron por votarle para impedir la victoria de la ultraderecha. Los cómputos finales indicaron que Chirac arrasó con 82 % contra 18 % de Le Pen. A este hecho, le corresponde evaporación de las finalidades de la campaña electoral, ya que el objetivo de los electores no es votar a favor de alguien sino en contra del que es descrito como un peligro para la supervivencia de la República y del sistema democrático. Sin perjuicio de ello, la victoria invisible es la llamada “lepenización de los espíritus”

En la campaña presidencial norteamericana de 2004, el contendor demócrata John Kerry padeció el cambio de estratega de campaña en medio del fragor electoral, debido a “vanidades, disputas y narcisimo” (Oliphant, 2004); pero la irrupción de Osama Bin Laden a través de un mensaje transmitido por la cadena televisiva Al Jazeera fue el golpe de efecto que despertó a muchos electores estadounidenses indecisos o de tendencia abstencionista, recordándoles que su país estaba en guerra. La consecuencia de ello fue que en masa se volcaran a votar con un nivel inusual de participación y dieran una victoria contundente a la reelección del presidente Bush, quien cuatro años antes había ganado a Al Gore en un dudoso final en el Estado de Florida, del cual persistía el olor a fraude (Sarmiento, 2001). Por el contrario, la condena a la horca al ex tirano iraquí Saddam Hussein surtió el efecto inverso, les recordó a muchos vacilantes y remisos a votar las consecuencias de los errores de la guerra, los desatinos del gobierno federal republicano y los motivó a concurrir a sufragar y a hacerlo por los demócratas, dejando al presidente Bush como lame duck, sin el control de ambas cámaras del Congreso, que el Grand Old Party (Partido Republicano) detentaba desde 1994.

En el caso del 11-M en Madrid, atentado que costara la vida a 192 personas y mas de 1.700 resultaran heridas, a tan solo 3 días de las elecciones parlamentarias destinadas a conformar el nuevo gobierno, las esquirlas asesinas también se hicieron sentir en el por entonces partido de Gobierno, el PP y en su candidato Mariano Rajoy, hasta ese momento ganador en las encuestas preeleccionarias. Aquí un hecho inesperado modificó la intención de voto de una buena parte del electorado, dando la victoria a la oposición del PSOE encabezada por José Luis Rodríguez Zapatero. La campaña de Rajoy, con el tema impuesto y los temas depuestos (Dinatale, Gallo y Nabot, 2005: 151) se hizo añicos y todo lo publicitado previamente se diluyó, más aún el propio gobierno de Aznar cometió una gaffe comunicacional inexcusable cuando atribuyó la masacre a ETA, la banda terrorista vasca que lo desmintió de inmediato, y luego no pudo explicar a los españoles que el fundamentalismo islámico había sido el responsable de semejante crimen.

Yerró el Gobierno al persistir defendiendo su teoría, aún cuando las primeras pistas constreñían a acusar al terrorismo musulmán; se ha afirmado que después del 11-M el gobierno español produjo el “atentado a la verdad” (Muiño: 2004). La tarde del sábado 13, jornada de reflexión electoral, tres marroquíes y dos hindúes adquirieron presencia mediática, al ser los primeros detenidos en relación con la masacre. Esa misma noche, cientos de españoles se manifestaron en las principales ciudades del país, acusando al gobierno de manipulación y exigiendo transparencia. Apenas doce horas después, los colegios electorales abrieron sus puertas y España votó marcada por la tragedia, dentro del duelo nacional decretado por Aznar.  A este hecho le corresponde la clasificación atentado terrorista.

En el caso de Herty Lewites el hecho inesperado fue la repentina muerte del candidato[18] que marchaba segundo o tercero en las encuestas de opinión. Fue suplantado por Edmundo Jarquín en medio de la campaña, quien no logró mantener el nivel de aceptación de Lewites y terminó relegado al cuarto lugar (6,29 %) en las elecciones de noviembre de este año. La campaña giró recurrentemente sobre la memoria del líder fallecido y se hizo hincapié en la fealdad de Jarquín. Este, sólo pudo conseguir que el Movimiento de Renovación Sandinista (MRS) ingresase a la Asamblea Nacional con 5 diputados sobre un total de 92, uno de los cuales desertó de inmediato a las filas del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) de Daniel Ortega Saavedra, vencedor en las elecciones presidenciales.

También analizamos el asesinato del candidato, como el caso de Benazir Bhutto en Pakistán e hicimos un paralelo con los magnicidios de Bashir Gemayel en Líbano, quien fue sustituido por su propio hermano Amin P. Gemayel y de Luis Donaldo Colosio en México, que resquebrajó al PRI, pero a pesar de ello logró imponer a su candidato Ernesto Zedillo Ponce de León para el sexenio 1994-2000.

Otra circunstancia inopinada pudo desglosarse del escándalo de deshonestidad del candidato de la derecha chilena Laurence Nelson Golborne, que si bien había ocurrido en su actividad empresarial, repercutió tan hondamente que las sospechas de ocultamiento de cuentas en paraísos fiscales dinamitaron su postulación, a la que debió dimitir sin ambages. Observamos también las contingencias de de su salida, la sustitución por el ministro Longueira y la renuncia de éste último luego de haber ganado las elecciones internas y la necesidad de designar un nuevo candidato, finalmente la ministro de Trabajo Evelyn Matthei que logró pasar al ballotage, donde fue doblegada por la actual mandataria Michelle Bachelet Jeria.

En resumen, luego de efectuada una breve consideración acerca de las campañas electorales modernas, definimos y examinamos siete casos de hechos imprevistos que se produjeron desde 1987 al presente en distintos países, que podemos sistematizarlos en:

  1. a) revelación de hechos ocultos de la vida privada del candidato;
  2. b) desvelamiento de prácticas corruptas o reprochables del candidato;
  3. c) participación en el ballotage de un candidato racista o ultra[19] ;
  4. d) cambio de estratega de campaña;
  5. e) patentización del estado de guerra en el que la gente vota por temores (Durán Barba, 2006:86);
  6. f) evidencia manifiesta de los errores de la guerra;
  7. g) atentado terrorista y
  8. h) muerte del candidato.

 

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* Javier Pablo Marotte (Alberti, 1969), es procurador (1991) y abogado (1992) por la Universidad John F. Kennedy, diplomado en Derecho Procesal Penal (UNC) y doctorando en Ciencia Política CEA-UNC. Tesis doctoral: “Malestar, crisis y reformulación en las democracias sudamericanas: Un análisis de casos”. Es asesor legislativo, árbitro de la Revista Mexicana de Ciencias Políticas y Sociales, consultor independiente de Plataforma Democrática-Fundación iFHC-Centro Edelstein y miembro de la Sociedad Argentina de Análisis Político (SAAP), Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI) y Sociedad Argentina de Escritores (SADE).

 

 

[1] El Código Electoral Nacional (Ley 19.945 y su modif.  Art. 64 Bis, según Ley 25.610) sostiene que: “…se entenderá por campaña electoral el conjunto de actividades realizadas con el propósito de promover o desalentar expresamente la captación del sufragio a favor, o en contra, de candidatos oficializados a cargos públicos electivos nacionales. Las actividades académicas, los debates, conferencias, presentación de planes y proyectos, la realización de congresos y simposios, no serán considerados como partes integrantes de la campaña electoral…”. Comparativamente, en España, “se entiende por campaña electoral […] el conjunto de actividades lícitas llevadas a cabo por los candidatos, partidos, federaciones, coaliciones o agrupaciones en orden a la captación de sufragios” (Art. 50.2, Ley Orgánica, de 1985, del Régimen Electoral General – LOREG).

[2] Es posible definirlas como el conjunto de actividades organizativas y comunicativas realizadas por los candidatos y partidos que tienen como propósito la captación de votos (Tuesta Soldevilla, 2000), mediante la comunicación de sus programas e ideas, movilizando a sus simpatizantes e influyendo y politizando a la población con el objeto de captar sus preferencias políticas (Lauga, 1998: 423-453.) “Una campaña electoral es un proceso de persuasión intenso, planeado y controlado, que se realiza durante el periodo precedente a las elecciones de acuerdo con reglas que restringen sus métodos, tiempos y costos; está dirigido a todos o algunos de los electores registrados en una división electoral y su propósito es influir en su elección a la hora de emitir el voto” (Martínez Silva, 2005).

[3] La comunicación política se ha transformado en una disciplina hibridizada, por cuanto se nutre de distintos campos como son:  la comunicación, el periodismo, la ciencia política, la psicología, la sociología, la historia (Kaid, 2004).

[4] Se refiere con exclusividad al planteamiento, realización y difusión de determinados mensajes, con ocasión de la puesta en marcha de procesos electorales, para designar el gobierno de una comunidad política dada; se trata, por tanto, de una variante específica del marketing político (Herreros Arconada, 1989:197).

[5] Para Peter Radunski (1983) los niveles de la campaña electoral son: las campañas en los medios de comunicación masiva; las campañas publicitarias y las campañas partidistas o de movilización.

[6] “Los periodistas tienden a centrarse en los detalles propios de la imagen de carrera de caballos (quien va ganando o perdiendo), las tácticas y estrategias, el conflicto y la controversia, el escándalo y los efectos visuales” (Paletz, 1997: 211).

[7] El propio “Sarge” Shriver había accedido inesperadamente a acompañar a Mc Govern, luego que debiera resignar a la postulación Thomas Eagleton, cuando se reveló su historial médico psiquiátrico, con antecedentes de internaciones, terapia electroconvulsiva, depresión y fuertes rumores de alcoholismo.

[8] Royal proponía en materia inmigratoria: reglamentar la inmigración ilegal “caso por caso” y de forma “descentralizada”, restablecer la regularización automática de los inmigrantes que llevan diez años en Francia. Expulsar a los “delincuentes peligrosos” extranjeros que lleven “poco tiempo” en Francia cuando salgan de la cárcel.

[9] En el caso en análisis las elecciones generales del 14-M adquirieron en los últimos tres días de la campaña y en el mismo día de las votaciones un carácter singularmente anormal (Sanchís Armelles, 2005:80).

[10] La oposición socialista e Izquierda Unida aludían al sostenimiento de la pista ETA por parte del gobierno de Aznar con una canción popular infantil titulada “Vamos a contar mentiras” que en uno de sus versos dice: “por el mar corren las liebres”.

[11] Cfr. Elizalde (2004:19) “La crisis es un problema de pérdida o de transformación del poder de alguien (…) es una experiencia que afecta del poder relativo de aquellos que se encuentran implicados.” Los cuatro factores estructurales de la crisis son: poder, tiempo, emociones y comportamiento no controlado (Ibíd.: 21).

[12] Alfredo Pérez Rubalcaba, por entonces candidato al Congreso, instaló la expresión: “Los españoles se merecen un gobierno que no les mienta.”

(http://www.elmundo.es/elmundo/2004/03/13/espana/1079200520.html).

[13] Sanchís Armelles (2005:88-99) identifica a los días precedentes a los comicios como:“jueves 11: atentado, trauma y dolor”; viernes 12: “rabia y movimiento multitudinario”; sábado 13:“crisis y confusión informativa”; domingo 14 como el del “día de cambio”.

[14] En 2003 había quienes sostenían que el presidente debía ganar las elecciones con treinta puntos de diferencia, porque la nación estaba en guerra y quien así no lo entendiera era catalogado de “estúpido” (Limbaugh, 2003).

[15] Howard Dean, presidente del Comité Nacional Demócrata (2005-2009) era en 2003-2004 quien aparecía como posible presidenciable demócrata, en parte debido al anuncio de manera temprana de su precandidatura, con lo cual obtuvo cierta visibilidad temporal.

[16] . El recuerdo del 11-S en ambas dos convenciones, en opinión de Time, demostraba que el contraste de los partidos se había hecho evidente: “es la lucha entre el partido de las víctimas y el partido de los guerreros”. (Priess, 2005: 48)

[17] También deben considerarse análogamente los casos de los magnicidios de Bashir Gemayel en Líbano (1982)  asesinado 22 días después de ser electo y de Luis Donaldo Colosio en México (1994).

[18] Cabría considerarse dentro de esta clasificación el asesinato del candidato del PRI Luis Donaldo Colosio el 23 de marzo de 1994 y la exitosa sustitución por Ernesto Zedillo, quien gobernara México entre 1994 y 2000.

[19] Circunstancia y argumentos que se repitieron en Bulgaria en las elecciones presidenciales de 2006 con el ultranacionalista y xenófobo líder de Ataka, Volen Siderov, quien también sufrió una aplastante derrota, similar a la de Le Pen en 2002.

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