Por qué leer El Capital en (el) Siglo XXI o del capitalismo que nunca dejó de ser capitalista

A pesar de que el siglo XXI arrancó con los atentados contra las torres gemelas, la reacción de la guerra de Irak y la consiguiente islamofobia, uno de los rasgos definitorios de la época que nos ha tocado vivir es la profunda crisis económica global. Ante esta crisis planetaria, surgieron movimientos sociales locales (15M, Occupy Wall Street entre diversas protestas y manifestaciones) que se han visto insuficientes para combatir esta crisis planetaria. La impotencia frente a esta situación ha arrojado múltiples interrogantes: ¿por qué las personas más desfavorecidas han de pagar las consecuencias de esta crisis?, ¿por qué no se ha podido evitar?, ¿por qué no se ha encontrado todavía una solución?, ¿dónde encontrar respuestas? En 2017 se cumplen 150 años de la publicación del primer libro de El capital de Karl Marx, obra cumbre que ofrecía un legado: el desglose del funcionamiento del capitalismo y el análisis de las relaciones sociales y de poder en clave económica.

ejemplo-el-capitalEl capital tiene fama de excesiva dificultad, fama infundada y difundida por aquellos que no quieren que se lea. La escritura de Marx es clara, no da saltos argumentales, desgrana sus ideas y avanza paso a paso. Desde una sencilla reflexión, la que señala que el sistema económico capitalista consiste en la producción y el intercambio de mercancías, es posible desentrañar el funcionamiento del capitalismo y analizar todas las categorías que lo componen derivando unos conceptos de otros. Es cierto que se trata de una obra extensa que hay que leer despacio, pero afortunadamente contamos con una reedición de la prestigiosa traducción elaborada por Pedro Scaron, José Aricó y su equipo, de gran legibilidad con una maqueta nueva que integra el aparato crítico elaborado por los editores para una clara comprensión de la obra del pensador alemán. Esta nueva edición supone una perfecta ocasión para aquellos que se asoman por primera vez a las páginas de El capital como para aquellos que quieran profundizar lecturas previas.

marxYa desde las primeras líneas, Marx nos desvela que las leyes que han regido las sociedades a lo largo de la modernidad han sido las mismas que han regulado las relaciones entre los dominantes y los dominados, los opresores y los oprimidos, a saber, las leyes de la economía, la producción y la reproducción del sistema capitalista. Señala que no es casual que los dominantes, explotadores, sean los propietarios del capital y los medios de producción, mientras que los dominados, explotados, sean los que intercambian su fuerza de trabajo por un salario con el que subsistir.

Pero ¿hasta qué punto El capital es un legado válido para la actualidad o se trata de una teoría que responde a unas circunstancias localizadas geográficamente y temporalmente?, ¿no nos hemos distanciado demasiado de las condiciones sociales que definían la época de Marx como para considerarnos sus herederos?, ¿no es la de Marx una respuesta desfasada que respondía a la sociedad europea de la revolución industrial? Es evidente que en estos 150 años han pasado muchas cosas (el nacimiento de la lucha obrera, la revolución socialista, la reforma socialdemócrata, el nacimiento del Estado de bienestar, el hundimiento de la Unión Soviética, las políticas neoliberales, el desclasamiento de la sociedad, etc.), y que aparentemente el mundo no es el mismo. También es cierto que Marx no disponía de una bola de cristal con la que pudiera definir con total exactitud la línea de acontecimientos que lleva desde su época hasta la nuestra, pero de ninguna manera su análisis es erróneo ni equivocadas sus conclusiones. Aunque nuestra sociedad, la del siglo XXI, crea que no hay clases (que se trata de un concepto decimonónico), que considere que todos somos iguales en tanto que votamos (y, por tanto, decidimos) y que somos libres, se trata de una situación aparente. Solo contemplando cómo, a pesar de que la ciudadanía del sur de Europa votó, decidió y definió una determinada postura frente la crisis, las instituciones europeas se han enfrentado a la soberanía popular, queda claro que no todos somos iguales, que no todos decidimos y que no somos libres; que la opresión y la dominación existen; que la lucha de clases no es un mito; que solo los grandes conglomerados multinacionales dictan las políticas de los supuestos Estados democráticos en función de los intereses de los dominantes, opresores y explotadores. Que por muchas cosas que hayan ocurrido desde la publicación del primer libro de El capital, en esencia, todo sigue igual.

A Marx no le faltaba razón: los opresores siguen oprimiendo y perpetuándose en su posición a costa del sudor de los oprimidos. El capitalismo nunca ha dejado de ser capitalista y, a pesar de que hayan pasado 150 años, Marx y El capital siguen siendo de rabiosa actualidad.

Alejandro Rodríguez

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