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Columna Tirios y Troyanos. El Presidente que siempre llega tarde

Por Toño Aguilera

@gaaelico

 

En 2012, Enrique Peña Nieto fue el candidato de la restauración, el cachorro de Atlacomulco que buscaba reinstaurar el viejo y anquilosado sistema político priísta en el poder presidencial. Para ello, el PRI apostó la mayor parte de su capital político y muchos recursos, los cuales provinieron desde las arcas de los gobiernos estatales, muchos de los cuales o están presos, son señalados por actos de corrupción o se encuentran prófugos en el actual sexenio del oriundo del Estado de México: Javier Duarte, Andrés Granier, César Duarte, Egidio Torre, Fausto Vallejo, Roberto Borge, entre muchos otros.

El arribo del llamado Golde Boy a la Presidencia de la República se construyó a través de una amplia y costosa estrategia de marketing publicitario y mediático, que retrataba una imagen fresca a fin de abandonar la estela de corrupción que acompañó al dinosauro priísta por décadas. Sin embargo, siempre se preocuparon más por la forma que por el fondo, y obviaron la ausencia de capacidades y fortalezas intelectuales en su presidenciable.

La primera llamada de atención se registró en la edición del 2011 de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, en donde una única pregunta puso en evidencia la poca preparación cultural del abanderado priísta: no supo contestar cuales eran los tres libros que más lo habían influenciado y reconoció que no escribió el libro que ese día presentaba.

La estrategia mediática aplicada por Televisa fue minimizar el hecho, y el PRI hizo oídos sordos a la expresión frívola de su candidato. Peña jamás se retractó de ese primer error.

Al principio de su gestión, Enrique Peña Nieto hizo del combate a la corrupción la primera bandera de su Gobierno, y para ello ofreció algunas entrevistas en medios de comunicación. Una vez más Televisa le puso en bandeja de plata un programa a modo, con comentaristas orgánicos, en donde el novel presidente regaló una perla que iba ya delineando lo que sería su gobierno: “la corrupción es un fenómeno de índole cultural”. Sólo dos años después de esa frase, su Gobierno se hundía en los escándalos de corrupción por el caso de la llamada Casa Blanca y las sospechas e indicios de tráfico de influencias con el consorcio HIGA, de Juan Armando Hinojosa Cantú. Peña tardó dos años en reconocer que el tema de la Casa Blanca había afectado a su administración.

El 24 de febrero del 2013 los grupos de autodefensas se levantaban en armas contra el crimen organizado en Tepalcatepec y en La Ruana. La crisis social, de inseguridad y violencia arrastró a Michoacán a una de las etapas más oscuras de su historia reciente, lo que implicó la defenestración de Fausto Vallejo en medio del escándalo de los vínculos de su hijo Rodrigo con los líderes criminales, y la detención y encarcelamiento del ex gobernador Jesús Reyna García. Enrique Peña Nieto tardó un año en actuar en Michoacán! Y la manera como lo hizo implicó la derrota electoral de su partido político.

El 2014 fue el año de la hecatombe del proyecto presidencial priísta:

El 30 de junio de 2014, una cuadrilla de militares ejecutaron a 15 de los 22 muertos hallados en el suelo de la bodega en Tlatlaya, al sur del Estado de México. En todo momento, el Gobernador Eruviel Ávila y el Gobierno Federal eludieron la responsabilidad de los militares y su vinculación con esos hechos, hasta que la Comisión Nacional de Derechos Humanos confirmó las ejecuciones extra judiciales a manos del personal militar.

La noche del 26 y la madrugada del 27 de septiembre de 2014, en medio de una serie de hechos que hasta el momento no han sido oficialmente esclarecidos, fueron privados de su libertad y desparecidos 43 estudiantes de Ayotzinapa, así como la muerte de 6 personas en un ataque artero de la policía de Iguala, Guerrero, contra civiles. Peña Nieto tardó diez días en mencionar el caso de los 43 jóvenes normalistas secuestrados y presuntamente ejecutados en Guerrero. Y lo hizo cuando el tema de la Ayotzinapa desató las más grandes movilizaciones nacionales e internacionales que se recuerden contra un presidente. No fue sino hasta el 27 de noviembre del 2015, es decir un año y dos meses después de la noche de Iguala, que el presidente presentó un “decálogo” que no resuelve nada de forma inmediata frente a esta crisis.

Otro problema que ha marcado a la actual administración federal es su disputa contra el magisterio disidente, por la implementación de la llamada reforma educativa. Tras un año de protestas, la lucha de los sindicalizados desembocaron en la tragedia de Nochixtlan,  el 19 de junio del 2016.

En el 2015, se debe sumar la actuación de la Policía Federal en las masacres del 06 de enero en Apatzingán y del 22 de mayo en Tanhuato. Jamás hubo pronunciamiento expreso presidencial al respecto, sino hasta que la CNDH logró confirmar las ejecuciones extra judiciales de los policías federales en ambos casos.

Otro error de cálculo en el peñismo, fue la invitación el 31 de agosto pasado al entonces candidato presidencial republicano, Donald Trump, en plena campaña presidencial estadounidense. La visita se registró en las horas claves de la carrea presidencial y cuando más arreciaba la campaña de odio del republicano en contra de nuestro país, en donde se enseñoreaba diciendo que nuestro país iba a pagar la construcción el muro que pretende construir en la frontera norte. Ese acto derivó, dos semanas después, en la salida de Luis Videgaray del gabinete, al ser el artífice del arribo del ahora presidente electo de EU a nuestro país.

Asimismo, en los cinco años de gobierno priísta, la carrera por la sucesión se desató desde un inicio y de todos es sabida la observar la guerra soterrada entre Luis Videgaray y Miguel Ángel Osorio Chong, ambos disputan la representación de la bandera priísta rumbo al 2018. Asimismo, las encuestas han indicado que prácticamente todos sus secretarios de Estado están reprobados frente a la opinión pública.

Ahora, al cierre de su gestión, Peña trata de lidiar con la crisis inflacionaria y de incremento en los costos de la gasolina, desatada tras la liberación de los precios decidida por su gobierno. La crisis copó buena parte del cierre del 2016 y los primeros días de este año, sin embargo Peña decidió mantener sus vacaciones en un centro de recreación de playa exclusivo en el sur del país.

Las crisis que ahoga la administración de Enrique Peña se deriva en buena parte de su frivolidad, de su incapacidad de reacción, en su letargo y desinterés por la conducción de los destinos del país. El Golden Boy fue al final sólo un candidato de oropel, un espejismo que el PRI intercambió por votos de sus electores. Aun le restan casi dos años a esta administración, la cual navega rumbo a la tormenta sin dirección posible.

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